El artista local Manuel De La Luz se permite una presentación al año. En su esperada presentación del 2026, el artista literalmente se detuvo a oler las flores y a estirar el instante.
Sobre la orilla de Luz se presentó el domingo 26 de abril en el Studio Theatre de Washington, DC. Con interpretaciones de guitarra, violín y poesía, el espectáculo destacó sobre todo el compromiso de De La Luz con la belleza del momento presente.
“Sonriendo me voy desasiendo”, dice uno de los poemas que De La Luz leyó el domingo. “Ya que caerá sobre la orilla / De Luz”
De día, De La Luz es profesor de música en la International School of Music en Potomac, Maryland. Pero una vez al año, su identidad artística alcanza su máxima expresión. Se define a sí mismo como un naturalista, y su trabajo tiene como objetivo “revelar lo humano en todos”.
"Mi deseo es hacer que las cosas sean más humanas, más vulnerables, más multidisciplinares", afirmó en su concierto. "Esta es una experiencia para todos nosotros".
El propósito de crear una experiencia quedó plenamente realizado en la presentación del domingo. El íntimo teatro en el 14th street corridor fue decorado con pétalos de flores, ramos y decenas de velas iluminando el espacio. En el centro, su guitarra se apoyaba contra una sola silla de madera, acompañada por un violín rodeado de un halo de pétalos.
Antes de que De La Luz siquiera subiera al escenario, su amiga y artista sonora Estephanie Rose abrió la presentación quemando salvia y purificando el espacio. Vestida con una túnica azul ftalocianina y unos anillos con piedras preciosas de un artista jamaicano local, después se sentó para seguir la purificación con un baño de sonido.
Rose tocaba un tambor oceánico Theta, diseñado para llevar las ondas cerebrales al estado theta, justo antes de dormirse o nada más despertarse. Prolongó su purificación del espacio y de los propios espectadores, liberándolos de cualquier carga que hubieran traído al teatro.
Es difícil saber si el baño de sonido duró cinco minutos, diez o incluso una hora, pero esa resistencia al tiempo no pudo haber sido más intencional. La presentación de De La Luz creó un espacio donde la presión de la vida exterior, el lamento del pasado y la ansiedad del futuro, desaparecieron. En su lugar entró De La Luz y su pasión por el presente.
Tocando la guitarra y el violín, las solemnes melodías de De La Luz llenaron el espacio recién limpiado. Con cada nueva canción o interpretación, quedaba claro su reverencia por los instrumentos. Repetía como si fuera un himno: "Madera viva, respira en mis manos".
De La Luz deliberadamente centró su humanidad durante el concierto de este año, pasando de un instrumento a otro y, literalmente, deteniéndose a oler las flores a su paso. Después reveló que toda la interpretación al violín, junto con un tercio de sus melodías de guitarra, fueron totalmente improvisadas, calificando esto como su “lucha contra la IA”.
Su interpretación, improvisada y profundamente humana, generó un estado casi hipnótico para la audiencia. Por un breve momento, no existieron las urgencias de la vida diaria, reemplazadas con la ternura con la que De La Luz sostenía su guitarra. No había inteligencia artificial, solo la inteligencia con la que afinaba las cuerdas de oído.
“Conciencia brotada de la Nada / soy iluminación con empiezo / Pero sin Fin”, leyó De La Luz de otro poema.
Cuando De La Luz dejó el escenario, el público finalmente levantó la mirada como si todos despertaran de un sueño compartido. El mundo exterior los esperaba de nuevo, pero podían regresar ya completamente centrados y con una nueva reverencia por el presente.