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MUNA marca su era más íntima en los shows de promoción de su nuevo álbum

Los próximos headliners de All Things Go ya no son la misma banda de “queer joy” que conquistó el festival años atrás

MUNA lanzó su nuevo álbum Dancing On The Wall, marcando el inicio de una nueva era más vulnerable y explosiva para la banda. FOTO: Fabianna Rincón

NOTA DEL EDITOR: MUNA es una banda integrada por artistas queer que usan pronombres no binarios. Katie Gavin usa los pronombres ella/elle. Josette Maskin usa los pronombres ella/elle. Naomi McPherson usa los pronombres elle.

Cuando la banda de synth-pop MUNA llegue a All Things Go en el Merriweather Post Pavilion este otoño, encabezarán el cartel ante multitudes de hasta 20 mil espectadores diarios.

Pero para celebrar el lanzamiento de su cuarto álbum, Dancing On The Wall, tocaron cuatro conciertos en el Music Hall de Williamsburg en Brooklyn, NY un local con espacio para 650 personas que vendió todos los boletos a los pocos minutos de salir a la venta.

En vez de confiar en su capacidad para llenar arenas, la banda eligió intencionalmente darle prioridad a una conexión íntima y genuina que marca el tono de todo su nuevo show.

Desde las letras de su nuevo disco, hasta sus interacciones con los fans en la audiencia, la intimidad es el pilar de esta nueva era de MUNA. Terminada la era del pop pegajoso de patinaje sobre ruedas, este álbum y actuación abraza la angustia, los nervios y la honestidad de las que prosperan las verdaderas relaciones íntimas.

La banda está compuesta por la cantante Katie Gavin, la guitarrista Jo Maskin, y la productora e instrumentista Naomi McPherson. El trío se conoció cuando eran estudiantes en la universidad y han pasado los últimos 13 años cultivando su sonido interpersonal, los ecos y armonías de trabajar en equipo, hasta convertirlo en lo que hoy llaman su obra "definitiva" con este último lanzamiento.

El sonido interpersonal de MUNA

El lunes 18 de mayo, cientas de sáficas de Brooklyn ya estaban haciendo fila afuera del Music Hall horas antes de que abrieran sus puertas. Poco después de las 9 pm, MUNA subió al escenario con una audacia que deja boquiabierto, ante una multitud que desbordaba entusiasmo y estaban listos para ver a la banda dejar claro por qué "It Gets So Hot" (esp: se pone tan caliente).

Las estrellas del pop vestían atuendos totalmente negros con un solo toque de color: el característico cabello rojo de la cantante principal Katie Gavin. Gavin deja todo su ser en el escenario, una artista cautivadora que gira aparentemente liberada del dolor que destilan las letras que canta. Sin embargo, su repentina y vulnerable exposición durante la canción "So What?", agachada sobre el suelo y bajo un foco de luz azul que ilumina sus lágrimas, demuestra hasta qué punto se sumerge en su espectáculo.

La guitarrista Josette Maskin se presenta con una precisión diferente: se catapulta a cada rincón del escenario, una mano levantada hacia su oreja mientras anima a la audiencia, preguntando qué tan ruidosos pueden ser. Cuanto más ruidosos se vuelven, más parece prosperar Maskin en su centro de atención. Marchando con su guitarra en alto, sonriéndole a Gavin en sus interacciones durante "On Call", o tocando un solo brutal en "Mary Jane", la hipnótica actuación de Maskin hace que todas las miradas la siguen donde vaya corriendo por el escenario.

Más anclade a un lado del escenario está la productora Naomi McPherson, un talento multifacético con un registro de soprano subestimado, responsable de las notas más altas y los riffs más complejos del equipo vocal de MUNA. Por si su capacidad de producción no fuera suficiente, también se adueñaron de su zona del escenario tocando doble sintetizadores, múltiples guitarras eléctricas y hasta un keytar. McPherson constituye la columna vertebral de estos arreglos musicales, hábilmente en sintonía con todos los demás miembros en el escenario y con cada capa de estas canciones profundas cuya producción lideró.

La vulnerabilidad de Dancing On The Wall

Naomi McPherson, Katie Gavin y Josette Maskin durante “Big Stick”, la canción más abiertamente política de Dancing On The Wall. FOTO: Fabianna Rincón

En los elevados arreglos en vivo de Dancing On The Wall, McPherson misme es le primere en cambiar el patrón de su propia producción. Durante la canción típicamente ambiental "Party's Over", se desvían del silencio y se dirigen a la audiencia para decir: "si están aquí ya saben lo que es. Es a la mierda Trump, a la mierda ICE". 

Estos son músicos abiertamente queer y no binarios actuando mientras tanto la identidad LGBT como el discurso político enfrentan una censura creciente. La tensión que acumulan se traslada directamente a su interpretación de la canción "Big Stick", la crítica al autoritarismo de MUNA que sigue la antigua tradición de enfrentar la parálisis política y desmadrarse al respecto.

McPherson y Maskin se lucen tocando las guitarras eléctricas, reunides alrededor de Gavin, quien inclina su pie de micrófono hacia la audiencia y levanta la mano en señal de rebeldía. La canción "más política" de la banda, según sus propias palabras, reafirma su histórico rechazo a la censura con el descaro de su era más auténtica hasta la fecha. Esta es una banda que ahora reconoce voluntariamente que la vida no siempre es "so fun" (esp: tan divertida). 

A lo largo de las 13 canciones de Dancing On The Wall, estos ritmos potentes de sintetizador conllevan momentos de vulnerabilidad cruda y sin filtrar, una transparencia que raras veces emerge en la producción pop. Pero es precisamente la devoción de la banda a esta transparencia lo que subraya la intimidad que hace latir el corazón de este álbum, el mostrarse tal y como son en el escenario, con defectos e inseguridades.

La penúltima canción del álbum, “Why Do I Get a Good Feeling?”, es la que mejor plasma este sentimiento, enmarcada en la tentación de querer estar con alguien con quien no deberías.

Una incertidumbre palpita a lo largo del tema hasta que Gavin renuncia a la culpa que ha acumulado hacia estas emociones y toma el camino más humano posible: la indulgencia.

Ella suplica: “Don’t ask why / Close your eyes / close the door / and feel it, feel it”(esp: “No preguntes por qué / Cierra los ojos / cierra la puerta / y siéntelo, siéntelo”). 

Lo que sigue es una pausa instrumental que captura la esencia de este álbum en poco menos de un minuto y medio. A Gavin le entregan un violín, tocando una tierna melodía sobre la guitarra acústica de Maskin y las teclas del sintetizador de McPherson. Tienen los ojos cerrados, perdidos en el ritmo de sus instrumentos hasta que, de repente, se unen en los micrófonos en una armonía a tres voces. En lugar de reprimir la incertidumbre o la vergüenza, el arreglo en vivo de la canción se apoya de lleno en ellas, transformando la propia indulgencia en una liberación compartida.

El resto de la noche se desarrolló en un segundo acto de los favoritos de los fans que probablemente continuará en su set principal de All Things Go este otoño. Pero tanto Dancing On The Wall como sus actuaciones íntimas en vivo marcan una nueva era para la banda, probando que la altura del éxito creativo viene de aceptarte a ti mismo por quien eres.

Los músicos de MUNA hacen de su autenticidad un triunfo, permitiéndose una humanidad sin filtros cuando la conexión genuina es cada vez más rara.

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