Nota editorial: Las dos fuentes entrevistadas para este artículo, Dee-Tum Monge y Bianca Pio utilizan los pronombres they/them; en español se utiliza elle.
Escondido en Blagden Alley, en el vecindario de Mount Vernon Square en Washington, D.C., se encuentra un museo al aire libre único de murales y obras de arte dedicado a celebrar, a todo color, la vida de quienes habitan la capital. La muralista local Lisa Marie Thalhammer pintó dos murales con los colores del arcoíris inspirados en “la hermosa diversidad de nuestra ciudad capital”.
El mural LOVE de Thalhammer fue concebido para perdurar más allá de la rápida desaparición de los arcoíris corporativos tras el mes de junio y, en su lugar, servir como una celebración del orgullo durante todo el año. Esa permanencia es parte de lo que le da a la ciudad su reputación de “refugio seguro” para las personas queer, en palabras de Dee Tum-Monge, integrante de la junta directiva del DC Latinx History Project.
“[En DC] no solo encontré una comunidad latina más fuerte, sino también una comunidad queer más fuerte”, dijo Tum-Monge. “DC fue mi refugio seguro”.
Durante más de 20 años, el DC Latinx History Project ha creado espacios para preservar y compartir la historia queer latina en Washington. Este Mes del Orgullo, la organización se unió con Rumba Queer, un colectivo de baile social que recientemente celebró su primer aniversario empoderando a personas queer latinas para reconectar con su cultura a través del baile. Juntos, compartieron con El Tiempo Latino por qué consideran que es más importante que nunca celebrar el orgullo “Sin Vergüenza”.
Pride 2026: Un momento de decir “estamos aquí por completo”
Washington DC fue la ciudad anfitriona de WorldPride en 2025, una celebración de gran escala que se llevó a cabo en medio de un momento político complejo para la capital. En 2026, los organizadores aseguran que esa tensión política sigue presente, pero que precisamente por eso es aún más importante salir a bailar.
Rumba Queer nació en mayo de 2025, por lo que las celebraciones del año pasado fueron las primeras para la organización. Bianca Pio, creative director y cofundadore del colectivo, explicó que se sintio atraíde por el baile y por la organización de eventos queer “como una forma de sobrellevar las realidades que estamos viviendo”.
“El año pasado había mucho estrés y mucho miedo, y nos sorprendía que la gente siguiera asistiendo”, contó Pio. “Pero las personas venían un miércoles por la noche para bailar y relajarse, para estar con otras personas y conectar”.
Este año, ambas organizaciones trabajaron para reunir a sus comunidades en torno a ese mismo sentido de conexión y alivio. Su evento conjunto, celebrado el 18 de junio, llevó por título “Sin Vergüenza”, un nombre que acordaron porque reflejaba su apuesta compartida por una visibilidad radical.
Tum-Monge considera que esta colaboración es más que una forma política de hacerse presentes; es una poderosa declaración de existencia, “especialmente bajo esta administración”.
“Es una manera de decir que estamos aquí por completo y que vamos a presentarnos con alegría plena, sin ninguna vergüenza”, dijo Tum-Monge.
Alegría plena, todos los meses del año
Después de contactarse por Instagram a principios de este año, una admiración mutua por el trabajo de cada organización se transformó rápidamente en una alianza. Desde la documentación histórica hasta la inclusión dentro del baile social, encontraron puntos en común en el “gran trabajo” que ambas estaban realizando.
Para Pio, une portuguese de 26 años, Rumba Queer llena un vacío que había identificado en los espacios de baile social dentro de la vida nocturna latina. Además de desafiar las tradiciones heteronormativas del baile en pareja, la organización busca crear intencionalmente un espacio “donde no nos sintiéramos incómodos”.
Pio compartió historias de asistentes que nunca habían aprendido a bailar o que evitaban participar en bailes sociales “debido a su identidad queer”. En estos eventos, finalmente encuentran el espacio y la paciencia para aprender los pasos que antes no tuvieron la oportunidad de conocer, elle dice.
“Esta es una forma de reconectar con su cultura, de aprender y de sentirse parte de ella de una manera que antes nunca habían podido”, dijo Pio. “El baile debe ser para todo el mundo”.
Tum-Monge, de 28 años, se mudó a Washington después de crecer en una zona rural de Nebraska. El “refugio seguro” queer que dice haber encontrado en la ciudad es el mismo que busca crear y preservar a través de su trabajo en el Latinx History Project.
"Tu comunidad está ahí afuera; a veces solo hace falta un momento de vulnerabilidad para encontrarla", explicó. "Esa es la belleza de crear comunidad... Así que siempre le digo a la gente, sigan buscando".