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Marcas chinas conquistan EE.UU. pese a los aranceles: Luckin, Labubu y el nuevo "Made in China"

Luckin Coffee ya tiene más de 10 tiendas en Manhattan. Pop Mart, creador del juguete Labubu, vale más que Mattel y Hasbro juntos. Los aranceles de Trump no han frenado la conquista cultural y comercial de las marcas chinas en Estados Unidos.

Foto: David Kristianto / Unsplash

La guerra comercial entre Washington y Pekín lleva años acaparando titulares, pero en las calles de Manhattan está pasando algo que los aranceles no lograron frenar: marcas chinas están conquistando al consumidor estadounidense, no con precios bajos, sino con deseo. Luckin Coffee hace fila en el Upper West Side. Labubu agota existencias en Times Square. Pop Mart, el fabricante detrás del juguete de moda, vale más en bolsa que Mattel y Hasbro combinados.

Es un cambio sin precedentes. Durante décadas, "Made in China" fue sinónimo de manufactura invisible: tus zapatos, tu teléfono, tu ropa —todo fabricado allá, sin que nadie supiera ni le importara el nombre de la empresa. Ahora algunas de esas empresas quieren que conozcas su nombre, y lo están logrando. El fenómeno va mucho más allá del precio.

Luckin Coffee: de escándalo contable a 10 tiendas en Nueva York

Luckin Coffee abrió sus primeras dos tiendas en Manhattan el 30 de junio de 2025, en Greenwich Village y NoMad. Para mayo de 2026 ya tenía más de 10 locales en la ciudad, incluyendo el Upper West Side y Midtown. La expansión se acelera: en el mismo comunicado en que anunció su apertura en Broadway 2799, la compañía reveló una nueva ubicación en la Calle 41 con Lexington.

El modelo de Luckin es radicalmente distinto al de Starbucks: pedidos por app, precios más bajos, recogida rápida sin sala de espera. En China, Luckin superó a Starbucks en número de locales con más de 24.000 tiendas. En EE.UU., la pregunta es si ese modelo encaja en un mercado que valora la experiencia tanto como el café.

El contexto es llamativo. Luckin fue retirada del NASDAQ en 2020 tras un escándalo de fraude contable. Su regreso al mercado estadounidense —ahora como marca de consumo masivo— es uno de los relatos corporativos más improbables de los últimos años.

Labubu: el juguete chino que vale más que Barbie

Pop Mart, la empresa de Pekín detrás del muñeco Labubu, alcanzó una capitalización de mercado de más de $40.000 millones en 2025, superando la suma de Mattel ($5.100 millones), Hasbro ($8.700 millones) y Sanrio —creadora de Hello Kitty— juntos. Para comparación, Mattel perdió 18% de su valor desde el "Liberation Day" arancelario de Trump en abril de 2025.

Labubu es un muñeco de peluche con cara de monstruo de orejas puntiagudas, creado por el diseñador hongkonés Kasing Lung. Se vende en "cajas ciegas": el comprador no sabe qué versión del muñeco recibirá hasta abrirla. Esa mecánica de misterio lo convirtió en objeto de colección para adultos. Dua Lipa, Rihanna, Kim Kardashian y David Beckham fueron vistos con Labubu en sus bolsos, disparando la demanda global.

Pop Mart inauguró su tienda insignia en Times Square, en Broadway 1540, con un contrato de arriendo de 10 años. Las ventas en las Américas crecieron 1.270% en el periodo más reciente reportado. La empresa también planea una tienda en la Quinta Avenida.

Los aranceles de Trump —que llegaron al 145% sobre productos chinos en su pico más alto— encarecieron el producto: una caja ciega de Labubu que antes costaba $22 pasó a $28 en EE.UU. Pero la demanda no cedió. Los coleccionistas siguen comprando, y las ediciones limitadas se revenden en plataformas como StockX a precios varias veces superiores al valor original.

Por qué los aranceles no frenan a estas marcas

La diferencia entre Labubu y, por ejemplo, un juguete genérico de importación es el deseo de marca. Los aranceles funcionan como desincentivo de precio en productos sustituibles. Cuando un consumidor quiere específicamente ese muñeco —y no otro— el precio importa menos.

Eso distingue a estas marcas del resto de las importaciones chinas. Un análisis de The Wire China publicado en 2025 señaló que Pop Mart opera en el mercado de coleccionables premium, dirigido a adultos con mayor tolerancia al precio. Sus márgenes brutos de venta superan el 75%, lo que le da margen para absorber parte del costo arancelario sin trasladarlo completamente al consumidor.

Para Luckin, la ecuación es distinta: sus bebidas ya son más baratas que las de Starbucks incluso con los costos de importación de insumos. La ventaja de precio se mantiene. Y el modelo de app sin meseros ni sala reduce los costos operativos al mínimo.

Qué significa esto para el consumidor latino

Para las familias latinas, estas marcas representan opciones nuevas en dos sentidos. Luckin ofrece café de calidad a precios más accesibles que las cadenas establecidas —una ventaja real en ciudades donde una bebida en Starbucks cuesta $7 o más. Labubu, por su parte, es el juguete del momento para hijos y adolescentes, aunque los aranceles han elevado su precio.

El fenómeno también ilustra algo más amplio: la guerra comercial entre EE.UU. y China no detiene el intercambio cultural. Los aranceles gravan los bienes físicos, no el deseo. Y cuando una marca logra instalarse en la cultura popular —a través de celebrities, redes sociales y el boca a boca— el precio deja de ser el factor decisivo.

Luckin continúa abriendo locales en Manhattan. Pop Mart prepara su tienda de la Quinta Avenida. La pregunta ya no es si las marcas chinas pueden entrar al mercado estadounidense, sino hasta dónde llegarán mientras el debate arancelario sigue sin resolverse.

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