En las tragedias se revela el alma de los pueblos. Por eso, frente a la catástrofe que golpeó a Venezuela tras el doble terremoto, Chile mostró dos rostros muy distintos: el Chile de los bomberos, que viajó a salvar vidas, y el Chile de algunos políticos que todavía insisten en mirar al migrante como parte de un pozo oscuro de donde extraer algunos votos deshilachados.
Me quedo con ese Chile que envió a Venezuela al equipo USAR de Bomberos de Chile. USAR significa Urban Search and Rescue: búsqueda y rescate urbano. Son hombres y mujeres con altísima preparación para entrar donde otros no pueden hacerlo.
Ese equipo no viajó a preguntar nacionalidad. No preguntó si la víctima era regular o irregular. No pidió pasaporte vigente. No preguntó por militancia, ideología, acento ni color de piel. Llegó a La Guaira a hacer lo que hacen los seres humanos cuando entienden su deber moral: buscar vida donde otros solo ven ruinas.
Los 45 rescatistas chilenos estuvieron durante diez días en labores de búsqueda y rescate tras los terremotos que afectaron a Venezuela. Chile organizó vuelos humanitarios, trasladó equipos especializados, ayuda médica, vacunas, medicamentos e insumos esenciales.
La imagen de los bomberos chilenos trabajando entre escombros debería avergonzar a quienes han convertido la migración en una industria del miedo. Mientras unos entraban a edificios colapsados para intentar rescatar sobrevivientes, otros seguían cavando zanjas morales entre chilenos y extranjeros.
El caso de Hernán Gil Flores, vigilante venezolano atrapado durante ocho días en el subterráneo de un centro comercial en La Guaira, resume esa diferencia. El rescate fue encabezado por el equipo USAR de Bomberos de Chile. Hubo tecnología, coordinación internacional y riesgo extremo. Pero sobre todo hubo una decisión profundamente humana: no abandonar a un hombre bajo los escombros.
También hubo otro rescate, pequeño en apariencia pero enorme en significado: un perrito atrapado en el piso 10 de un edificio fue encontrado y salvado por bomberos chilenos durante las labores de búsqueda. Esa escena tiene más contenido moral que muchas declaraciones oficiales, porque quien se detiene a rescatar a una mascota en medio de una tragedia entiende algo esencial: toda vida importa cuando se actúa desde la humanidad.
Chile tiene derecho a ordenar su política migratoria. Nadie serio puede negar que un Estado debe tener reglas. Pero una cosa es aplicar la ley y otra muy distinta es usar la ley como instrumento de intimidación colectiva. En el caso venezolano, esa diferencia es fundamental.
No se puede hablar de ayuda humanitaria con una mano y de persecución migratoria con la otra. Este artículo es una defensa del mejor Chile, del Chile solidario, generoso e institucional, capaz de formar rescatistas de nivel internacional y ponerlos al servicio de un país herido; del Chile que sabe que la dignidad humana no se pierde al cruzar una frontera.
Nos quedamos con el Chile que entiende que una tragedia no suspende la dignidad de los migrantes, sino que obliga a protegerla con más fuerza. Y frente a los políticos populistas antiinmigrantes, seguiremos dando la batalla por un Chile más justo, más humano y más fiel a su propia historia solidaria, porque cuando la vida está bajo los escombros.
Solo hay dos tipos de personas: quienes ayudan a levantar piedras y quienes las siguen lanzando.
Braulio Jatar Alonso. Presidente ILC Consultores Chile/ Venezuela. Abogado, comunicador, autor y profesor. Ex preso político del régimen de Maduro.