0

Rompiendo las barreras para la educación de nuestra comunidad

La Escuela Carlos Rosario entregó mil quinientas laptops para que sus estudiantes aprendan online
COMPUTADORAS. Mayra Lugardo, es una de las estudiantes beneficiarias de las 1 mil 500 laptops que entregó la Carlos Rosario a sus alumnos. | FOTO: Cortesía Mayra Lugardo

COMPUTADORAS. Mayra Lugardo, es una de las estudiantes beneficiarias de las 1 mil 500 laptops que entregó la Carlos Rosario a sus alumnos. | FOTO: Cortesía Mayra Lugardo Cortesía Mayra Lugardo

ALUMNOS. En este nuevo ciclo escolar, 2 mil alumnos se inscribieron para continuar sus estudios en la escuela Carlos Rosario. | FOTO: Cortesía Escuela Carlos Rosario

ALUMNOS. En este nuevo ciclo escolar, 2 mil alumnos se inscribieron para continuar sus estudios en la escuela Carlos Rosario. | FOTO: Cortesía Escuela Carlos Rosario

Son tiempos de metafóricos vendavales que se cristalizan en dificultades reales: pandemia, desempleo, enfermedad, miedo, incertidumbre. Hace falta un ancla para sostenerse y sentir que la existencia no se rompe en mil pedazos y ese arpón es lo que está siendo la Escuela Carlos Rosario para sus 2 mil estudiantes.

En la Carlos Rosario, la mayoría de su alumnado es inmigrante, de ellos un alto porcentaje es latino. Este es uno de los grupos más afectados por la crisis sanitaria, porque muchos de ellos son trabajadores esenciales y son económicamente vulnerables.

Las cifras hablan por sí solas: el 67.3 % de estudiantes de la escuela para adultos en DC estaba empleado en febrero, tres meses después solo 28 de cada 100 tenían trabajo, según una encuesta realizada entre 1 mil 853 alumnos, en mayo. Su situación adquiere ribetes de dramatismo, porque 65 de cada 100 son padres de familia y 82 de cada 100 de ellos no recibe ningún tipo de beneficio de desempleo.

Con esas fuerzas en contra, se temía que la escuela perdería un porcentaje de la plantilla de su alumnado. Los temores resultaron erróneos y en este nuevo ciclo escolar el porcentaje de retención de la Carlos Rosario es del 100%.

“Nuestros estudiantes están resueltos a continuar con sus estudios. Esta pandemia no los está frenando. Cierto que preferirían tener sus clases en el aula, pero cuando la salud y la seguridad no pueden ser garantizadas, tenemos que encontrar nuevas formas”, dijo Allison Kokkoros, directora ejecutiva de la Escuela Carlos Rosario. En esa misma encuesta, el 43% de estudiantes adultos mostró preferencia por la educación presencial a la virtual, el 30% reportó dificultades en el aprendizaje debido a la falta de destrezas en tecnología.


Estudiar en tiempos de crisis

Al igual que la abrumadora mayoría de centros educativos, primarios, medios y superiores, la Carlos Rosario está educando a sus alumnos vía online y para facilitarles su aprendizaje, en el ciclo anterior a quienes les hacía falta les dotó de tabletas digitales, pero para este año escolar ya se repartieron 1 mil 500 computadoras portátiles configuradas para cubrir sus necesidades académicas. Estas se suman a los 300 artefactos electrónicos que les entregaron al comienzo de la pandemia.

“Ya fui en busca de la computadora porque es mejor para usar el teclado y además a mi maestra la veo mejor”, dijo Mayra Lugardo, estudiante de GED (obtención del bachillerato). Para ella no está siendo difícil este comienzo, lo engorroso fue en marzo. “Los que veo que tienen problemas para entrar y para utilizar el chat en clases son los nuevos estudiantes, pero lo bueno es que las maestras nos están orientando mejor que antes”.

Kokkoros, sin desestimar que lo ideal son las clases presenciales, encuentra que el método online trae algunas ventajas, entre ellas que los estudiantes pueden compaginar sus tareas escolares con la crianza de sus hijos. Esto tiene un valor extra porque, buena parte del alumnado tiene hijos, por eso durante el verano este centro se asoció con el sistema de escuelas públicas de DC, para entrenarlos en tecnología digital y así asegurarse de que los progenitores logren conectarse con las escuelas de sus hijos.

Ese no fue el caso de Lugardo, ella ya tiene hijos adolescentes que dominan la tecnología digital. “El problema está con las mamás que tienen hijos pequeños, en mi trabajo me platican que no saben cómo conectarse y ellas y los niños se desesperan por que esto es muy nuevo para todos”, cuenta esta madre de familia que antes de la pandemia tenía dos trabajos. Se quedó sin empleo durante cuatro meses, pero hace casi dos se reincorporó a uno de los restaurantes en los que trabajaba, el otro sigue cerrado.


Auxilio temporal

Ante la montaña de necesidades originadas por la pandemia, la Escuela Carlos Rosario creó un Fondo Estudiantil de Emergencia para ir en auxilio de los alumnos más afectados, que experimentaron falta de alimentos e inseguridad de vivienda. Se lograron reunir 32 mil dólares que ayudaron a sostener a 52 familias. A la par que se dedicaron esfuerzos para recaudar ese dinero, el personal y los profesores de la escuela siguen ofreciendo, en diferentes idiomas, información y contactos sobre dónde conseguir los recursos.

“Parte de nuestro proceso de reinventarnos es que nos estamos asegurando de que cada uno de nuestros estudiantes esté bien y cuente con las ayudas que necesite hasta pasar este temporal”, dijo Kokkoros. Las comunidades a las que pertenecen los alumnos de Carlos Rosario son las que serán determinantes para el plan de recuperación, una vez que pase la pandemia o se encuentre una vacuna.

Las comunidades latina y afroamericana son las que más están sufriendo el impacto del coronavirus y han perdido los empleos. “Tenemos un abnegado equipo de soporte estudiantil que está entregado a facilitar el acceso a los alimentos, ayuda para la renta y fuentes de trabajo”, aseguró Kokkoros.

El haber vuelto al menos a uno de sus dos trabajos a Lugardo le da cierta tranquilidad, pero cuando le quitaba el sueño el no saber cómo alimentar a sus hijos, la Escuela Carlos Rosario le ayudó a mantenerse a flote. “Me asistieron con comida, con una tarjeta de regalo para pagar la renta y con los contactos para ir en busca de alimentos”.

Ella extraña el aula, pero saber que tiene a su maestra al alcance de la pantalla y que le responderá a cualquiera de sus preguntas que le hace a través del chat. Esa es el ancla que le ayuda a sostener sus sueños de algún día ser intérprete y asistente de maestra. Para alcanzar ese objetivo, de lunes a jueves y de seis a nueve de la noche entra al aula desde el comedor de su hogar.



--