Valentina Müller, la “jefa” de la familia, llegó primero. Se instaló en el área con la intención de hacer una suerte de reconocimiento del terreno.
“Me gustó vivir acá, me interesó como proyecto de vida, como un lugar donde cimentar el futuro de los hijos, y decidí quedarme”, comentó el martes 3 a El Tiempo Latino.
Un año después, en 1990, desde Paraná, Entre Ríos, una provincia de la Mesopotamia argentina, llegó el “jefe”, Ángel Ribulota, con dos de los tres hijos del matrimonio, Guillermo, de 16 y Federico, de 18. Rosana, la mayor de los tres hermanos, estaba terminando la universidad en su país.
“Al principio, hicimos de todo”, dijo Ángel, uno de los dueños del restaurante argentino El Patio, de Rockville, Maryland. “Lo primero fue estudiar inglés. Y mientras tanto, repartíamos periódicos por toda el área de DC”, agregó.
Durante un tiempo, Valentina trabajó como correctora en El Tiempo Latino, después fue maestra en las escuelas públicas de DC. Todos probaron diferentes oficios.
Pero la idea de abrir un restaurante argentino en la zona, surgió en las fiestas familiares. Valentina hacía empanadas, sándwiches de miga –hechos con un pan especial, delgado, blanco y esponjoso, que provocan el delirio de cualquier argentino. También cocinaba milhojas y milanesas. De esa forma recuperaban los sabores y los olores del país que habían dejado atrás.
Poco a poco, empezaron a recibir encargos de los amigos. “Hicimos varias pruebas, quemamos varias cocinas, y decidimos salir a vender en forma regular en el Banco Interamericano de Desarrollo”, recordó Valentina.
Los pedidos los superaban. Muchos argentinos y latinos eran los que sucumbían ante el incomparable gusto de una empanada de carne, o ante el nostálgico bocado de un alfajorcito de maicena, manjar típico que se parece a un “sándwich” de dulce de leche con coco rallado en los bordes.
El primer local lo abrieron en Rockville, cerca del White Flint Mall, un 17 de octubre de 2001. Valentina cocinó durante el primer año y en 2002 entró el chef Julio López, un boliviano que creció en la Argentina y que está con ellos desde entonces. Él es el encargado de reproducir los platos tradicionales que se sirven en el restaurante, que hace dos años inauguró su nuevo local en Loehmanns Plaza Shopping Center, Rockville.
“En aquel momento se notaba la necesidad de tener algo argentino, algo más familiar”, comentó Rosana, que había llegado al país con su título de licenciada en Ciencias Políticas. Después, con la idea de ayudar y asesorar a la familia en este nuevo negocio, hizo una maestría en administración de empresas en la Universidad de Maryland. Pero quedó atrapada.
“Pensé que El Patio era algo nuestro que lo queríamos hacer crecer, y me quedé trabajando aquí”, confesó. “Desde el principio se habló de hacer algo cien por ciento argentino, como comemos en casa. Y en esa época no se conocía lo que era una empanada de las nuestras”.
El Patio tiene una clientela diversa. Salvadoreños, bolivianos, peruanos, venezolanos y centroamericanos en general se congregan para comer platos típicamente argentinos. “Hacemos un chimichurri un poco más picante porque lo pide la gente”, aseguró Guillermo. “Estamos acá y queremos integrarnos. Y lo más difícil fue seguir haciendo comida argentina sin perder la identidad”.
La familia tiene las funciones delimitadas, y se turnan en los horarios de atención al público. Mientras, Ángel continúa con su trabajo como agente de bienes raíces, y ayuda a hacer la distribución de pedidos cuando se necesita una mano. Federico, el hijo del medio, decidió volver a la Argentina, y Guillermo es el que comanda la troupe en los servicios de catering y el que se ocupa de hacer las compras para el restaurante.
Su mujer, la colombiana Ángela Delrío, argentina por opción, se dedica a la administración de los eventos especiales, a las redes sociales y a la promoción.
Fuera de El Patio, son una típica familia italiana, con gritos y con pasión, pero siempre unidos. Viven a pocas cuadras los unos de los otros, y las discusiones son acaloradas, confiesan.
Sin embargo, cuando discuten sobre el negocio, cambian opiniones y siempre llegan a un acuerdo.
“Al final se toman las mejores decisiones”, aseguró Ángel.
El Patio tiene hoy más de 30 empleados y un promedio de alrededor de 500 personas todos los fines de semana. Y las “reinas” del restaurante son las empanadas, los sándwiches de miga y la típica pastelería argentina.