
Josefa Arévalo de Salinas nació en Zacatecoluca en El Salvador
Dice el viejo refrán popular que cuando la vida te da limones aprende hacer limonada.
Así ha visto la vida siempre mi abuela, Josefa Arévalo de Salinas, más conocida como “Chepita” o “Mamá Chepita”
Desde niña la vida no le sonrió, pero ella siempre le vio el lado amable. Nacida en Zacatecoluca, El Salvador el 19 marzo de 1918. De familia pobre pero muy trabajadores. Su padre, Salvador Noches, fue un sastre muy conocido y respetado. Su madre, Rosaura Arévalo, un ama de casa, quien por voluntad de Dios fallece cuando Mamá Chepita tenía apenas 4 años. Sufrió mucho con su madrastra y a tan solo 10 años de edad se fue a la capital, San Salvador a trabajar. Su niñez fue muy dura y aunque no fue a la escuela aprendió a leer y a escribir ella sola con un cancionero. Trabajó como ama de casa con muchas familias para poder vivir. En junio de 1938, a sus 18 años, después de una vida dura y de mucho trabajo, la vida le sonríe

ABUELA. "Mamá Chepita" en su casa de Frederick, Maryland.
y por voluntad de Dios conoce a Emilio Salinas Alférez. Se conocieron en una fiesta. “Mamá Chepita” decide irse esa noche sin despedirse más no sabía que Dios tenía en su plan perfecto que se reencontraran. No fue hasta enero de 1939 que se vuelven a encontrar por cosas de destino. Esta vez Emilio no la deja irse y en marzo de ese mismo año deciden unir sus vidas. Después de cuatro hijos se casan En la iglesia de la Merced un junio de 1951. Tuvieron 10 hijos en total y comenzaron un negocio de zapatería juntos. Junio de este año cumplen 80 años de estar juntos. Son ahora 18 nietos, 37 bisnietos y 6 tataranietos.
Mamá Chepita ha sido una mano amiga para muchos. Siempre vio por el bienestar de la gente ya sea su familia, amigos o gente necesitada. La buscaban para pedirle ayuda ya fuera monetaria, consejos, en fin una mujer muy humilde y solidaria.
Una mujer trabajadora y empresaria. Siempre vio la manera de proveer y que a sus hijos no les faltara nada. Se desenvolvió en los pequeños negocios desde vender refrescos, hacer flores para el día de los difuntos, hasta venta y distribución de zapatos del negocio familiar. Una mujer emprendedora que luchó por sostener a su familia y un gran apoyo para su esposo.
Fue un pilar de apoyo para sus hijos pues a todos los impulso para que terminaran sus estudios y fueran todos profesionales. ¡Ayudó con el cuidado de la mayoría de sus nietos incluyéndome a mí! Recuerdo muy bien el patio de la casa de “Mamá Chepita”, lleno de árboles frutales con una pila en medio del patio. En ese entonces cuidaba a cuatro de sus nietos, con paciencia, dedicación y amor. A pesar de ser yo la más pequeña de los cuatro, recuerdo con mucho cariño esa época de mi vida. La recuerdo con su delantal puesto, joven y energética. Recuerdo todos en su cama viendo películas de Cantinflas y la India María. ¡Realmente añoro esos tiempos! ¡Era una excelente cocinera! ¡Sus platillos eran sencillos pero deliciosos! Muchas de las recetas son ahora parte de nuestras cocinas. El famoso gallo en chicha y el atol de harina tostada.
Mamá Chepita es realmente un tesoro para nuestra familia. Gracias a ella, a sus enseñanzas, cariño, atenciones, valores y su ejemplo ahora somos quienes somos. ¡Todo se lo debemos a ella!
Somos felices y bendecidos de verla llegar a los 100 años de edad. ¡Su legado y herencia no tienen medida ni precio!