Cuando en la víspera de la temporada 2018 de la NFL los Redskins de Washington vieron saltar al terreno al novato Derrius Guice, los espectadores de la disciplina, sin importar el equipo de sus amores, posaron sus ojos sobre el corredor llamado a ser una de las principales piezas de su posición a corto plazo.
Sin embargo, el destino le jugaría una mala broma al joven elemento del combinado capitalino, al sufrir una grave lesión en su primer encuentro de la instancia que antecede a la campaña. La lesión, un desgarre del ligamento anterior cruzado, obligó a los fanáticos, dirigencia y gerencia, a despedirse muy temprano de una futura estrella que, si todo sale como lo dictó el cuerpo médico del equipo, volverá a la acción en 2019.
Cuando ocurrió el hecho, muchos pensaron lo peor, pues, luego de una zafra 2017 negativa, pensar que el que podría ser un aliciente para los demás ya no estaría disponible, aún sin comenzar ya se debía dar por perdido el andar hasta el Super Bowl que se celebrará en Atlanta.
Rapidez en el mercado
Pero desde las oficinas del conjunto aborigen no hubo espacio para el desespero; todo lo contrario, fue más corta la preocupación que la ocupación y desde ahí llegó un movimiento tan claro como el agua que, al menos hasta la fecha, ha rendido frutos de forma exitosa a Washington en esta recién nacida temporada.
Al sumar a Adrian Peterson a sus filas, las preguntas sensatas sobre el estado físico de un veterano de mil batallas en la liga no se hicieron esperar. Aunque lo mejor de su juego llegó hace algunos años con el uniforme de los Vikings de Minnesota, el veloz e histórico hombre no ha decepcionado a los seguidores del deporte, convirtiéndose en genio y figura del ataque terrestre, así como mentor de nuevas generaciones.
Su manera de ver el juego ha brindado mayores opciones a una organización que podía estar tranquila cuando adquirió a Alex Smith como mariscal de campo por su seguridad. El generador del puente aéreo con los receptores no ha desentonado y Peterson, como si llevara toda una vida con los Redskins ha permitido inclinar la balanza para convertir el ataque en una unidad difícil de perforar.
Sin parpadear
El caso de Peterson es, tal vez, la mejor de las noticias del año para el combinado aborigen; sin embargo, más que por lo que representa su figura, se trata de la acción lo que realmente pasó a ser una forma obligatoria de actuar para que, apostando siempre al éxito, los problemas estuvieran bien lejos de casa.
Trabajar mientras otros duermen. Así se estudian las cosas desde los pasillos del FedEx Field, pues no solo se trató del corredor este mantra, pero sí el primer movimiento que espera desatar un cambio histórico.
Poco después de mediados de mes, los Redskins se dieron a la tarea de alimentar su plantilla con nuevas piezas que logren dar la casa en caso de algún percance. Con los receptores Michael Floyd y Breshad Perriman, una situación que llegó luego de que no pudiera hacerse posible tomar vía cambio a ciertos jugadores por Josh Gordon.
El movimiento fue lo suficientemente inteligente por un tema de evaluación, que el caso bien podría ser tomado en cuenta por otros equipos que se vean en la necesidad de sumar piezas rápidamente. Con la urgencia de tener a solo uno en el equipo, buscar a dos elementos fue una apuesta clara en la capital, pues probaron a dos jugadores, estudiando variantes y adaptación, decantándose finalmente por uno: Floyd.
Reponer el físico
Todo lo que en corto tiempo ha logrado la gerencia, lamentablemente, ha nacido de inconvenientes físicos en solo semanas. Así como Peterson llegó para cubrir el puesto de Guice, otros elementos de la plantilla se han visto afectados por padecimientos.
Aunque aún sin perte médico lo suficientemente trágico para evaluar opciones en el mercado, el conjunto deberá verse en la tarea e seguir bien de cerca la evolución de jugadores como el esquinero Josh Norman, quien presenta un problema en el tendón de la corva, así como Morgan Moses, tackle derecho, aún en protocolo de conmociones tras lastimarse en el triunfo ante los Packers de Green Bay.