En la comunidad hispana y especialmente entre los colombianos del Área Metropolitana de Washington, la conocen como Lola Jaramillo. A a falta de un grupo de danza folclórica de su país en esta región, ella puso manos a la obra para crearlo y dos años después muestra con orgullo el posicionamiento alcanzado.
El verdadero nombre de esta experta en comercio exterior es Enoe Jaramillo, pero en el mundo de la danza, que también ha marcado toda su vida profesional, es más sencillo llamarla Lola, nombre que encaja mejor en la farándula, comenta entre risas, mientras recibe a El Tiempo Latino en su estudio en Silver Spring, Maryland.
El proyecto Cultural Dance Center surgió entre un mega sismo en su vida personal: un diagnóstico aterrador la llevó a replantearse todo lo que tenía por delante y ver en perspectiva su vida, y la danza se mantuvo como complemento de recuperación y superación de esa dura etapa.
“Este proyecto surgió hace dos años a raíz de que vi la necesidad de crear un grupo de folclor e involucrar a varias personas en el área cultural debido a que hay diferentes escenarios en Washington, Virginia y Maryland donde se abren las puertas a los artistas para presentar diferentes actividades que nos representan en el área como latinos… así fue que decidí abrir una convocatoria donde las personas que vienen no son bailarines profesionales y son personas de cualquier edad”, comenta la coreógrafa y creadora del proyecto.
FUERZA. Después ser diagnosticada con cáncer, Jaramillo se enfocó en la danza y salió adelante con perseverancia y trabajo.
Este emprendimiento cultural creado para ser auto sostenible reúne a niños desde 5 años en adelante hasta personas adultas, todos interesados como colectivo en proyectar la rica herencia cultural colombiana con danzas provenientes de diferentes regiones del país andino y que muestran una nación en proceso de pacificación y rápido posicionamiento internacional en su nueva época.
En la actualidad la agrupación participa en eventos como ferias de negocios, festivales, actividades escolares y por supuesto en eventos comunitarios de los colombianos en DC, Maryland y Virginia. “A cualquier lado donde nos llaman y nos invitan vamos y asistimos y mostramos esta cara amable de Colombia”, comenta Lola Jaramillo.
Cultural Dance Center subsiste con recursos propios para crear vestuarios y lo que la producción demanda. Lola también participa en la confección de prendas al tener su propio equipo de costura para producir los vestidos ornamentados; sin embargo, ella dice que siempre buscan que se les pague algún estipendio o por lo menos una donación para mantener el proyecto vivo.
Servicio comunitario
GRUPO. Cultural Dance Center está integrado por niños y adultos que no tienen experiencia previa como bailarines.
Los menores en edad escolar que participan en este grupo de danza folclórica obtienen “horas de servicio comunitario”, que los sistemas escolares de la región consideran importante para el historial académico del educando.
Lola Jaramillo reconoce que haber creado este proyecto cultural en un momento trascendental en su vida, ha producido una doble inyección de entusiasmo por verlo crecer y perpetuarse.
“Yo empecé este proyecto cuando fui diagnosticada con cáncer y obviamente empecé a sufrir toda la parte estética del cáncer, porque toda la vida uno ha estado bailando y un bailarín siempre se mantiene alrededor de parámetros de lo que es estético: verse bonito, delgado, cuidar de su cabello… y yo era todo lo contrario”, recuerda.
Pero acentúa que ese proceso fue de gran enseñanza para reafirmarle que para mejorar no hay nada como continuar con el ejercicio y la actividad, lo que al final demandó mucha atención que la blindó de decaer en la parte emocional y así pudo salir adelante.
Al preguntarle a Lola Jaramillo por qué quiere mostrar a Colombia en DC, no duda en responder que urge develar el rostro positivo de un país que ha sufrido demasiado con la violencia y el narcotráfico, pero que tiene una población llena de alegría y de amistad, y con un reserva cultural que es un botín que vale la pena compartir con otros pueblos en el área de la capital de Estados Unidos.