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Restaurantes y coronavirus: una medida dura pero necesaria

lga Imbaquingo

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AFECTADOS. Muchos negocios pequeños latinos son familiares y están entre los afectados por el cierre de restaurantes, bares, gimnasios, teatros y centros de masajes.

CREDITO:

Olga Imbaquingo

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NEGOCIOS. En el área de Columbia Heights hay una alta concentración de restaurantes y bares que estos días han tenido que cerrar o modificar su operación.

CREDITO:

Olga Imbaquingo

Un estado de resignación y ansiedad se apoderó de los restaurantes latinos de Washington, DC tras la orden de que deben dejar de operar con clientes comiendo en sus mesas y barras, y solo vender por medio de “delivery” o “takeout”, como una medida para detener el avance invisible del coronavirus. Por lo que ellos habían visto en China, Italia y España, intuían que las puertas de sus negocios tenían las horas contadas.

Por eso cuando la alcaldesa Muriel Bowser, anunció que a partir de la noche del pasado lunes los ciudadanos ya no podrían ni comer dentro de un restaurante ni congregarse en los bares a beber, entre los dueños y los empleados de estos negocios latinos no hubo ni animosidad, ni resistencia; solo mucha incertidumbre y toneladas de fe y esperanzas de que el coronavirus se “evapore” pronto para volver con ganas a seguir trabajando.

Esta disposición de la principal autoridad de la ciudad se suma a otras iguales que se vienen adoptando en distintas ciudades del país para limitar los contactos sociales. Esta estrategia aspira a detener la propagación de este virus altamente contagioso que se ha convertido en una pandemia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una orden similar se adoptó también en el estado de Maryland. Por su parte, hasta el cierre de esta edición el gobernador de Virginia no había dado una orden formal a los restaurantes, pero sí había recomendado que se limiten a hacer “delivery” y vendan comida “takeout” (para llevar) solamente.

Trabajo en equipo

Cuando hablan del coronavirus, algunos recurren a comparaciones como la de atrapar en equipo a una fiera salvaje. “Créame que no es nada fácil, pero estoy de acuerdo. Si nuestro sacrificio sirve para acorralar al virus y acabar con él, es correcto atenernos a la ley”, dijo Serapio Osorio, propietario del restaurante El Amigo. Este negocio mantiene a tres familias y a cuatro empleados.

“Le aseguro que no está en duda mi contribución por el bien de la salud de todos y de mí mismo, porque estoy en el grupo de riesgo, pero eso es una cosa, otro tema es que no vamos a tener ingresos y me pregunto si habrá un plan de ayuda económica porque esto nos va afectar mucho”, dijo el restaurantero a El Tiempo Latino. Su deseo es que esta suspensión no se prolongue demasiado y que cuando esta termine todavía sus empleados quieran volver a seguir preparando esas sopas de res calientitas y su apetitosa carne asada.

Los trabajadores del bar restaurante Toro Toro, especializado en un refinado menú de Centro y Sudamérica, la noche del lunes también apresuraban a servir las últimas especialidades del chef Richard Sandoval. “Es una orden y la tenemos que cumplir y claro que financieramente nos afectará a todos”, dijo el manager Branimir Mikulic.

“Empleamos entre 65 y 80 personas, algunas de tiempo parcial y otras de tiempo completo, este es su único trabajo y si la medida se prolonga por más de 15 días el impacto va a ser grande”, Mikulic aseguró que están preparando un plan de llegar a extenderse el cierre más allá de 15 días, “porque esto será devastador para nuestros trabajadores”.

“No sé qué voy a hacer”

Quien ni siquiera tiene idea de qué hacer y la noticia del cierre temporal la sumió en una confusión y preocupación ante el futuro inmediato fue Marisol, empleada de Mi Café Cuba. “No sé qué voy hacer, de eso es lo que más hablamos con mis compañeros de trabajo. Cómo vamos a pagar las cuentas. Todo esto es muy difícil. ¿Acaso tenemos otra alternativa?”, dijo. Por ahora no hay otra opción para los restaurantes, bares, gimnasios, cines, salones de masajes. Los únicos negocios de autorizados para seguir funcionando son los que ofrecen comida para llevar y los que hacen entregas a domicilio.

“Vamos a acatar las órdenes y pensar que está bien para que no se propague el coronavirus. Esperamos que esto valga la pena y que Dios nos acompañe”, fueron las palabras de Yolanda Arévalo, empleada del restaurante La Cabaña. “El negocio venía de mal en peor, la gente dejó de llegar desde días atrás, lo que nos queda es rezar para que la calma no tarde en volver”.

Lo que se negaba a imaginar Aris Comprés, copropietario del concurrido restaurante Los Hermanos, se hizo realidad. Ya venía teniendo dificultades para encontrar arroz, el producto esencial en su cocina, al tiempo que aumentaban las cancelaciones de eventos a los que le daba servicio de “catering”. “Somos un negocio familiar y no tenemos una reserva de millones de dólares, de esto dependemos mi familia y mis trabajadores. Esto es devastador, el banco no entiende de cierres obligatorios por un virus”, dijo.

Hasta el día anterior, Comprés se esforzaba por creer que con todas las medidas de protección e higiene que se estandarizaron en su negocio, ayudarían a mantenerse en pie. Ahora, al igual que el resto, solo le queda esperar hasta que las autoridades consideren que el coronavirus ya no es una amenaza y se termine el cierre.

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