A las 4:30 del miércoles 27 de enero, Jason y su hermana Lizzie Kling sujetaban la mano de su madre y le acariciaban la frente. Con un beso susurraban al oído y le decían cuanto la amaban. En la cama, debajo de las sábanas blancas del hospital, yacía Blanca Kling, con los ojos cerrados, inconsciente desde hacía 13 días y conectada a un respirador, por las complicaciones del Covid-19.

Kling —vocera hispana de la Policía del condado de Montgomery, en Maryland— guerreaba su última batalla en la tierra en contra de esta enfermedad que hasta el martes 27 había cobrado la vida de 426,175 personas en Estados Unidos. Ella no estaba sola, peleaba al lado de sus hijos y rodeada virtualmente de unas 20 personas, conectadas a través de Zoom. Entre ellas, su esposo de más de cuatro décadas, Anthony Kling su familia en Bolivia y Estados Unidos. Así como amigos, colegas y periodistas que tuvimos el privilegio de estar cerca a ella.

Las noticias no eran alentadoras. Los médicos habían permitido a los hijos hacer una excepción y acompañarla para darle el último adiós. Los pacientes de Covid-19 se mantienen aislados en el hospital.

A las 6:20 de la mañana como si solo durmiera, Kling dio el último suspiro a sus 68 años de edad. “Mi mamá ya está con su amado Jesús y Padre Celestial. Está descansando y sin dolor”, dijo Jason Kling a El Tiempo Latino.

En un post de Facebook, el joven escribió “pudimos estar con ella en sus últimas horas agarrándola de la mano, ungiéndola con aceite bendito en su frente, y recitando oraciones para darle confort, diciéndole sin cesar cuán bendecidos y favorecidos somos Lizzie y yo de poder tenerla como mamá”.

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HOSPITAL. Jason Kling y su hermana Lizzie, en el Laurel Medical Center, horas antes de dar el último adiós a su madre, Blanca Kling/MILAGROS MELÉNDEZ

Batalló contra el Covid- 19

Kling fue hospitalizada el 13 de enero e inmediatamente puesta en la Unidad de Cuidados Intensivos del Laurel Medical Center en el condado de Prince George’s. Ella estaba dentro del grupo de personas vulnerables al Covid-19 por las condiciones adyacentes que padecía: asma, artritis e hipertensión. “Ella era una mujer muy fuerte pero su sistema inmunológico se vio afectado con los medicamentos que tomaba”, expresó la activista Grace Rivera-Owen, amiga de Kling.

El sábado 16 la entubaron e indujeron a un estado de coma, del cual ya no despertó.

El martes 26 ingresó a un estado crítico. Presentó cuadros de insuficiencia renal, fallas del corazón y pulmón. “Nos dijeron que en cualquier momento mi mamá podría fallecer”, dijo Jason.

Milagro

Hasta el último minuto la familia y amigos esperaban un milagro y ver levantar a “Blanquita” o “Chichita” como la llamaban de cariño. Sin embargo, el milagro llegó de otra forma. “Mi mamá era una mujer de fe y oración. Y aún postrada en la cama pudo convocar a miles de personas para rezar no solo por ella sino por todas aquellos que están padeciendo de una enfermedad”, dijo Jason Kling.

Desde que su madre fue hospitalizada, Jason Kling activó un grupo de oración que se diversificó y traspasó fronteras. “Mi mamá ha ayudado a muchísima gente y siempre se preocupó por las familias que atravesaban una emergencia. Ahora ella nos necesita”, expresó en ese entonces Jason al hacer un llamado a la oración. El efecto fue multiplicador, en los días siguientes decenas de personas se unieron a cadenas de oración por la salud de Kling.

Todas las noches un grupo de 35 personas entre familia y amigos se juntaban a través de Zoom para levantar una plegaria por ella.

Meses antes, en el verano de 2020 era Blanca Kling, quien convocaba a las reuniones de oración por su nieto Matías, hijo de Jason. Con apenas unos meses de nacido el bebé fue diagnosticado con cáncer.“Mi mamá era muy fuerte en la oración y tenía mucha fe. Dios hizo un milagro en mi hijo y lo sanó”, dijo Jason.

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FAMILIA. Blanca Kling y su esposo Anthony Kling, con quien compartió cuatro décadas de matrimonio/Cortesía

Acompañada

Horas antes de fallecer un grupo de familia y amigos acompañaron de manera virtual a la familia: Jason, su hermana Lizzie y padre Anthony.

Como era habitual, el grupo convocaba a una reunión de oración de 9 a 10p.m. Antes de terminar el encuentro Jason recibió una llamada del hospital pidiendo a la familia que se acercara porque los niveles de oxígeno habían bajado drásticamente y se esperaba lo peor. Los hermanos fueron al hospital y mientras se despedían de su madre el grupo permaneció hasta el final.

“Queremos agradecer a las más de 20 personas que han estado con nosotros por Zoom desde 9pm hasta las 4:30am orando y apoyándonos durante un tiempo tan difícil. Todos nosotros podemos estar en paz sabiendo que sin duda mi mamá ha sido recibida por los ángeles y está cosechando lo que ella ha sembrado por su vida de servicio en la tierra en el ejemplo de Jesús”, expresó el joven.

Al dejar sonar alabanzas, Lizzie dijo ver salir una lágrima de los ojos de su madre. “Ella está con nosotros. Ella está escuchando”, dijo.

Décadas sirviendo a la comunidad

Blanca Kling, de 68 años, emigró desde su natal La Paz, Bolivia cuando tenía 17 años de edad. “Ella vivió aquí por más de 50 años, pero siempre fue muy orgullosa de sus raíces latinas”, dijo Jason Kling. De hecho, Jason y su hermana Lizzie hablan perfecto español y tienen arraigadas las tradiciones y cultura boliviana.

Kling trabajó por cuatro décadas como civil en el Departamento de la Policía de Montgomery. En 2002 se convirtió en una persona clave para asistir a las víctimas del francotirador, un personaje que aterrorizó a los residentes del área de Washington.

En octubre de ese año John Allen Muhammad (apellidado Williams antes de convertirse al Islam) sembró el terror en el área metropolitana de Washington D.C., junto a su cómplice e hijo adoptivo Lee Boyd Malvo, asesinando a por lo menos diez personas con disparos en la cabeza y dejando heridas a otras tres con disparos a distancia con un rifle de francotirador. Además, ocasionó heridas a otras veinte personas en los estados de Maryland y Virginia y los alrededores del Distrito de Columbia.

Entre las víctimas del francotirador se encontraba la salvadoreña, Sarah Ramos, de 34 años y la estadounidense Lori Ann Lewis-Rivera, de 29.

Blanca Kling era el nexo para asistir a las familias de las víctimas. “Ella trabajó arduamente para ayudarlos”, expresó la activista Grace Rivera-Owens, amiga personal de Kling.

En 2005 Kling pasó a la División de Comunicaciones, convirtiéndose en la vocera hispana de la Policía de Montgomery. El Departamento emitió el miércoles un comunicado en memoria de Kling, reconociendo su labor.

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AMIGAS. Blanca Kling y la activista Grace Rivera-Oven/Cortesía

Reacciones

Miembros de la comunidad, desde legisladores, activistas y familias que recibieron ayuda de Kling, reaccionaron a la pérdida.

El Concejo del Condado de Montgomery emitió una declaración sobre su fallecimiento

«El Concejo del Condado de Montgomery no tiene las palabras suficientes para expresar sus más sinceras condolencias a familiares, allegados y compañeros de trabajo de nuestra invaluable Blanca Kling. Nacida en Bolivia, “Blanquita”, como la llamaban a menudo muchos miembros de nuestra comunidad, tenía un largo historial de servicio público y una vida de dedicación al gobierno del condado y a nuestros residentes.»Ha sido pilar fundamental en la comunidad Latina. En el 2005 se convirtió en la Enlace Latino del Departamento de Policía del Condado, donde a menudo aparecía frente a cámaras de televisión y detrás de micrófonos de radio para informar, forjar relaciones sólidas y construir puentes de colaboración entre nuestros residentes de habla hispana y nuestra fuerza policial.

«En 2016, el entonces congresista Chris Van Hollen, nominó a Blanquita para recibir el Premio Conmemorativo Suzanne McDaniel, otorgado por el Comité de Derechos de Víctimas del Congreso de EE. UU. Este premio se le otorga a personas y organizaciones que han utilizado su voz a través de los medios de comunicación para promover y lograr un cambio a nivel nacional a favor de las víctimas de crimen. Ella estableció muchas alianzas e iniciativas importantes, pero sobretodo dio voz a las necesidades y preocupaciones de la comunidad latina e inmigrante. Su compromiso inquebrantable con nuestros constituyentes enriqueció a nuestro condado de formas inconmensurables.

La concejal Nancy Navarro de ese ente legislativo dijo “Nuestra querida Blanquita ahora está con los ángeles. Una servidora que se dedicó a la comunidad, siempre generosa con su tiempo y sus consejos. Parece mentira que ya no esté, arrebatada por este horrible virus”.

Por su parte la activista Rosalía Fajardo, en Virginia, expresó “su legado de servicio y compromiso con la comunidad quedará por siempre en nuestros corazones”.

El ex cónsul de Perú, César Jordán, quien fue presidente de Cónsules Unidos en Washington expresó “Blanca fue un dijo “Blanca fue un referente indispensable y una persona de gran humildad”.

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