ALIMENTOS. La repartición de alimentos es uno de los programas más urgentes y de mayor impacto para las familias del LAYC. | FOTO: Cortesía

Por Olga Imbaquingo - Especial para El Tiempo Latino

“Quiero que la gente conozca que el Latin American Youth Center (LAYC) es como mi segunda casa y las personas que allí trabajan son ángeles, porque gracias a ellos este día me estoy graduando en ingeniería eléctrica en Montgomery College”, así dice José Ricardo Membreno, un joven salvadoreño que es el primero en su familia en obtener un título universitario.

Como él, hay miles de jóvenes en DC y Maryland, en su mayoría hispanos de bajos recursos, que han pasado por esta organización sin fines de lucro, cuya misión desde hace 53 años es facilitarles un futuro más prometedor, a través de la educación.

Allí pueden sacar su bachillerato (GED), aprender inglés, descubrir aptitudes artísticas, participar en talleres de nutrición, obtener refuerzos en matemáticas, recibir entrenamiento laboral, ayuda sicológica, mochilas al comienzo del año escolar y una incontable lista de contactos para pasantías, becas y ayudas para ellos y sus familias.

Estos programas no se interrumpieron durante la pandemia, se ofrecieron online, pero los pedidos de ayuda aumentaron y el LAYC comenzó a solventar otras necesidades, como computadoras, pago del servicio de internet, fondos para la renta, alimentos y hasta pañales y jabón.  

Al bebé de la adolescente Erika Valencia, estudiante de Cardozo High School, no le faltaron los alimentos, pañales ni la leche de fórmula. “Ha sido una gran ayuda, porque sin dinero y con mi mamá trabajando dos o tres días a la semana en un restaurante no hemos gastado en comida. Un bote de leche infantil cuesta 30 dólares, no he tenido que comprar juguetes, ropita ni jabón”. Hace una semana consiguió un trabajo. “Estoy haciendo pan con huevo en un puesto de Unión Station, seguiré estudiando y cada semana iré a buscar la comida que el LAYC nos da”. 

37% no tiene cómo pagar la renta

Cada año hacen uso de sus servicios unos 5 mil jóvenes. Esta misión va a continuar, pero con un nuevo mapa que señalice con mayor precisión las necesidades que creó la pandemia. Ese atlas es una encuesta a 750 jóvenes en DC y Maryland y lo que encontró, como observa Lupi Quinteros-Grady, directora ejecutiva de esa organización, “no nos sorprendió, pero nos dio la certeza de cómo están viviendo nuestros jóvenes. Para ellos esa ilusión de regreso a la normalidad no existe, el estado de sobrevivencia sigue”.

El sondeo reveló que a un 37% le quita el sueño el no tener una estrategia para pagar la renta y los servicios básicos. Durante una charla con El Tiempo Latino, Quinteros-Grady aseguró: “nuestras familias no están sintiendo que ha terminado la crisis, todavía siguen buscando empleo, necesitan alimentos y no tienen suficiente información de la vacuna”.

La encuesta, además de ayudar a identificar las prioridades, servirá para informar a los donantes de lo que se ha hecho durante el año de pandemia. Las respuestas de los jóvenes no dejan lugar a dudas: para los latinos la crisis está lejos de terminar. 

Según Susana Martínez, directora del programa Pathway del LAYC, se tenía una idea del impacto de la pandemia entre los hispanos, “pero la encuesta nos puso en perspectiva de la crisis económica, del trauma, los muertos, las enfermedades”. El 20% de las familias asociadas a ese centro se infectó con el virus, algunos fallecieron. 

“Es como un curita de esperanza”

“Junta el dolor de la pérdida con el miedo y la información que no les llega, eso pone a nuestra comunidad en alto riesgo”, señaló Martínez, quien aseguró que también se han convertido en mensajeros sobre la vacuna, “porque tenemos la conexión y nos hemos ganado la confianza”. Pese a esos esfuerzos, la ayuda ante la avalancha de necesidades no es suficiente. “Sabíamos que no había tanto y para muchos”, reconoció Martínez. “Es como poner una curita en una herida grande y sangrante y eso es lo que seguimos poniendo, más y más curitas con la comida, las computadoras, los cheques de ayuda para la renta, pero al menos son una muestra de que hay esperanza y que sabemos que van a necesitar ayuda para largo plazo”.

Entre las familias de los jóvenes del LAYC, la vacuna genera más preguntas que respuestas. “No saben si es buena para sus hijos, hay muchos que tienen miedo a ser inmunizados, otros no saben dónde buscarla y otros más prefieren que sus hijos se queden en casa por temor al contagio”, comentó Elena Pinzón O’Quinn, directora de aprendizaje y evaluación del LAYC. Aseveró que se están buscando fondos para informarles dónde están los puestos de vacunación, los horarios, los efectos secundarios o las bondades de cada dosis.

Cuando, en apariencia, todo vuelve a la normalidad, esta organización se prepara para continuar trabajando en estado de emergencia. “Dicen que los estudiantes volverán a las escuelas, nosotros sabemos que emocionalmente están traumados, han visto como el virus se llevó a sus seres queridos, ellos son nuestra prioridad”, insistió Martínez.

No hay que olvidar a los jóvenes

Programas como las clases de inglés continuarán, porque para jóvenes como Membreno han sido el pasaporte a la universidad. “No sabía inglés, los educadores del LAYC me dieron la oportunidad, gracias a ellos logré estudiar con becas, me ayudaron a conseguir una pasantía de cuatro años en Pepco y allí he podido trabajar durante la pandemia”.

A Membreno le faltaban mil dólares para cubrir los últimos gastos de sus estudios, el LAYC le dio el último empujón. La próxima semana comenzará trabajar en una empresa privada. “Ya no voy a necesitar ayuda, pero espero que los donantes sigan apoyando jóvenes como yo para convertirnos en profesionales”.

“Espero que nuestra comunidad se sienta orgullosa de lo que hemos logrado juntos. Para darles esperanzas y oportunidades a nuestros jóvenes necesitamos apoyo, $5 o $10 son bienvenidos. Las donaciones pueden hacerlas en la página www.layc-dc.org y durante nuestra gala hoy 21 de mayo tendremos donación por medio de mensaje de texto”, aseguró Quinteros-Grady.