MASCULINOS. Un tercio de las personas que sufren TCA son masculinos, informaron los CDC. | Foto: Pexels.
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Tu hijo no tiene un trastorno alimenticio porque quiere llamar tu atención o porque una dieta se le salió de las manos. Los  trastornos de conducta alimentaria (TCA) son enfermedades reales, muchas veces confusas y están rodeados de conceptos erróneos.

A muchos padres les resulta difícil lidiar y tomarse en serio que su hijo sea diagnosticado con un trastorno de la alimentación, también conocido como desorden alimenticio. Pero es importante distinguir las verdades y mitos para saber llevar la situación.

1. Solo las personas extremadamente delgadas tienen trastornos alimenticios

Aunque la anorexia nerviosa y otros trastornos alimentarios restrictivos (aquellos donde las personas se impiden comer ciertos alimentos) se caracterizan por la pérdida de peso, muchas personas que padecen un desorden alimenticio no adelgazan e incluso pueden engordar como consecuencia.

De hecho, menos del 6% de las personas con trastornos alimentarios reciben un diagnóstico médico de "bajo peso", según datos de la National Association of Anorexia Nervosa and Associated Disorders (ANAD).

2. Es solo una etapa, lo hace para llamar la atención, y ya la va a superar

Los trastornos alimenticios no son un estilo de vida, ni se eligen. No es como que su hijo "llevó la dieta más allá de lo que debió".  La calidad de vida de las personas que padecen trastornos alimenticios se ve gravemente afectada y son de las enfermedades mentales más mortales, solo superadas por la sobredosis de opioides.

Hasta 10 mil 200 personas mueren cada año por causa de un trastorno alimenticio y 26% de las personas que lo padecen intentan suicidarse, informó la ANAD, la organización de lucha contra los trastornos alimentarios más antigua de Estados Unidos.

3. Solo debo preocuparme por mis hijas, ya que los trastornos alimenticios no afectan a los varones

A pesar de que los trastornos alimenticios son más comunes en las niñas, el número de niños que padece un desorden alimenticio ha crecido con los años.

Un estudio de 2007 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reveló que un tercio de las personas que sufren TCA son masculinos.

Otros estudios de población sugieren que los varones representan aproximadamente el 25% de las personas con anorexia nerviosa o bulimia nerviosa y el 40% de las personas con trastorno por atracón.

4. Mi hija tiene bulimia así que no desarrollará ningún otro desorden alimenticio

Aproximadamente la mitad de las personas con anorexia desarrollan bulimia, de hecho muchos pacientes pasan de un diagnóstico a otro (proceso conocido como diagnóstico cruzado) y es probable que su hijo padezca más de un trastorno alimentario antes de recuperarse.

Muchas personas muestran síntomas de anorexia y bulimia al mismo tiempo, por ejemplo, se dan atracones con regularidad y también pueden purgarse cuando están bajas de peso (esto se clasifica clínicamente como anorexia, tipo atracón/purga).

5. La anorexia es el único desorden alimenticio serio

Las tasas de mortalidad de la bulimia y otros trastornos alimentarios o de la conducta alimentaria especificados (OSFED) se acercan en gran medida a las de la anorexia nerviosa. Lo que prueba que todo tipo de desorden alimenticio es algo serio.

Incluso, las personas que abusan de laxantes, diuréticos o se fuerzan a vomitar, tienen un riesgo significativamente mayor de muerte súbita por infarto debido a desequilibrios electrolíticos.

6. Mi hijo aún está muy pequeño como para desarrollar un desorden alimenticio

Los trastornos alimentarios pueden aparecer o reaparecer a cualquier edad. Según las estadísticas de EEUU, desde muy pequeños, los niños presentan algunas señales de alerta:

  • El 42% de las niñas de 1º a 3º de primaria quieren estar más delgadas
  • El 81% de los niños de 10 años tienen miedo a estar gordos

Los especialistas en trastornos alimentarios de la National Eating Disorder Association, organización sin ánimo de lucro dedicada a la prevención de los trastornos alimentarios y la derivación a tratamientos, informan de un aumento del diagnóstico en niños, algunos de tan sólo cinco o seis años.

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