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De Colombia a Washington, el maestro que convirtió la salsa en punto de unión

Ricardo convirtió la salsa en un punto de encuentro latino en D.C., donde baile, migración y cultura se mezclan cada semana en Castas.

Foto de El Tiempo Latino.

En el corazón de Washington DC, la salsa se convierte en mucho más que baile: es identidad, refugio y punto de encuentro para la comunidad latina. En espacios como Castas, el profesor colombiano Ricardo ha logrado convertir una clase semanal en un fenómeno social que reúne a inmigrantes, profesionales internacionales y familias enteras alrededor de la música, el movimiento y la memoria cultural. Entre historias de migración, 25 años de trayectoria comunitaria y clases llenas hasta el límite del espacio, la salsa sigue demostrando su poder de conexión.

De Colombia al Caribe, y del Caribe a Washington DC

Ricardo llegó a Estados Unidos “como todo inmigrante, buscando qué hacer”, y fue la salsa la que terminó marcando su destino. Sin formación formal, aprendió enseñando y perfeccionando su estilo con el tiempo, guiado por la práctica y el intercambio con otros bailarines. En sus primeras clases incluso usaba un espejo para explicar movimientos, narrando cada paso como si fuera una coreografía estructurada.

“Siempre hay que tratar de que la gente se enrede en lo que estás enseñando”, recuerda sobre su método.

Sin formación académica formal en danza, Ricardo se describe como un maestro autodidacta que aprendió enseñando. Sus primeras oportunidades llegaron cuando comenzó a dar clases frente a un espejo y a explicar los movimientos mientras los ejecutaba, desarrollando un estilo pedagógico propio.

“Siempre hay que tratar de que la gente se enrede en lo que estás enseñando”, explicó, destacando su enfoque dinámico y participativo.

La pista de baile como escape para profesionales latinos

Su conexión con la comunidad latina profesional en DC creció en los años 90, cuando muchos trabajadores del Banco Mundial, el IDB y otras instituciones buscaban desestresarse después de jornadas intensas. La salsa se convirtió en ese punto de escape donde el estrés se transformaba en energía. Ricardo recuerda cómo después del trabajo las noches continuaban en espacios como Lola’s o Fellini, donde la pista de baile se convertía en una extensión de la oficina, pero con música y libertad.

Amor, familia y una vida construida al ritmo de la salsa

En medio de las pistas de baile también conoció a su esposa, quien fue su primera pareja de danza y más tarde su compañera de vida. Juntos construyeron una familia de cuatro hijos y una historia que entrelaza la vida personal con la cultural. Entre risas, ella llegó a decirle: “tú eres el hombre casado que más rumbea en Washington”, una frase que refleja la intensidad con la que vivía la cultura del baile. Con el tiempo, esa energía se transformó en proyectos familiares y comunitarios.

Baila for Life: 25 años de impacto en escuelas públicas

Ese vínculo con la comunidad lo llevó a crear Baila for Life, un programa que ya suma alrededor de 15 años de funcionamiento y cerca de 25 años de trayectoria en su evolución comunitaria. La iniciativa trabaja con estudiantes de escuelas públicas en Montgomery County, donde la salsa se enseña como herramienta cultural y educativa.

“Les enseñamos coreografías para presentaciones escolares y de ahí emprendió todo”, explica Ricardo sobre el impacto del proyecto.

Castas y los miércoles que se llenan de ritmo latino

Hoy, Ricardo volvió a las clases semanales en Castas tras años alejado de la vida nocturna. Su regreso, impulsado por amigos y por sus hijos ya en la universidad, convirtió los miércoles en una cita fija para aprender y socializar. El formato combina clase, práctica y baile libre en un ambiente donde la comida, la música y la comunidad latina se mezclan sin esfuerzo.

“Aquí la gente viene a aprender, pero también a relajarse”, resume el profesor, destacando el ambiente familiar y multicultural del lugar.

Para Ricardo, la salsa no se trata de rigidez técnica, sino de disfrute. Existen estilos como “en uno” o “en dos”, pero él insiste en algo más simple: dejarse llevar. “No digan nada, sigan mi ritmo y pásenla bien”, dice a sus estudiantes, subrayando que incluso entre profesionales la clave está en adaptarse y disfrutar el momento.

La historia de Ricardo muestra cómo la salsa sigue siendo un puente cultural fundamental para la comunidad latina en Estados Unidos. Entre migración, trabajo, familia y educación, su vida demuestra que el baile no solo se enseña: se comparte, se vive y se convierte en identidad colectiva en cada paso dentro de la pista.

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