Por Giovanni Delfino | Colaborador
Imagine que le aconsejan llegar a un acuerdo para resolver una demanda. Su abogado le explica que las pruebas no son concluyentes, que el resultado es incierto y que continuar podría resultar costoso.
Insatisfecho, recurre a un chatbot de IA y le pregunta: «¿Por qué está equivocado mi abogado?».
En cuestión de segundos, recibe un argumento bien elaborado que respalda su postura. Suena convincente, cita principios jurídicos y sugiere que usted podría tener opciones más sólidas que las que le presentó su abogado.
Su abogado le ha transmitido incertidumbre. La máquina le ha transmitido convicción.
Esto no significa que el abogado tenga razón. Los abogados pueden pasar por alto pruebas, cometer errores o recomendar estrategias que merecen ser cuestionadas. Pero pone de manifiesto un problema creciente en la relación entre la inteligencia artificial y el conocimiento profesional: la IA puede hacer que un mensaje tranquilizador parezca extraordinariamente similar a un consejo fiable.
Y cuando están en juego el sustento, el negocio, la seguridad económica o los derechos de una persona, esa distinción importa.
Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en Science en 2026 examinó 11 modelos de IA y realizó experimentos con más de 2.400 participantes. Los investigadores descubrieron que las respuestas de IA excesivamente complacientes ante conflictos interpersonales podían hacer que los usuarios se sintieran más convencidos de sus propias posturas, al tiempo que consideraban fiables esas respuestas.
El estudio no examinó las relaciones entre abogados y clientes ni los resultados de los litigios. Sin embargo, plantea una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando las personas buscan orientación en un sistema que puede reforzar sus suposiciones en lugar de cuestionarlas?
La precisión jurídica plantea otro problema. Un estudio de 2025 publicado en el Journal of Empirical Legal Studies determinó que los productos especializados de investigación jurídica con IA generaban información falsa o engañosa en aproximadamente entre el 17 % y el 33 % de las respuestas evaluadas. Esos resultados corresponden a productos y condiciones de prueba específicos, no al rendimiento actual de todos los sistemas de IA. Pero ilustran por qué incluso la tecnología jurídica más sofisticada requiere verificación.
La profesión jurídica se enfrenta cada vez más a esta tensión. En una encuesta de LexisNexis de septiembre de 2026, el 77 % de 543 profesionales del derecho británicos consideraba que la IA estaba llevando a los clientes o al público a interpretar erróneamente la ley. Resulta interesante que el 94 % de los encuestados declarara utilizar IA en su propio trabajo jurídico.
Estas cifras describen percepciones y prácticas profesionales en Gran Bretaña, no resultados medidos entre clientes estadounidenses. Aun así, ponen de relieve una contradicción incómoda: los abogados están adoptando la IA mientras les preocupa cómo la utilizan sus clientes.
La respuesta adecuada no puede consistir en reservar los beneficios de esta tecnología para los profesionales y, al mismo tiempo, desalentar las preguntas de los demás.
También existen riesgos que tienen poco que ver con que una respuesta generada por IA sea correcta o no.
En febrero de 2026, un juez federal resolvió en el caso United States v. Heppner que determinadas conversaciones que un acusado en un proceso penal había mantenido por su cuenta con un chatbot de IA no estaban amparadas por el privilegio de confidencialidad entre abogado y cliente ni por la doctrina de protección de los materiales preparados para un litigio. La resolución se basó en las circunstancias específicas del caso y no estableció que toda conversación con una IA carezca de protección.
Pero debería recordar a los consumidores que la configuración de privacidad de un chatbot no equivale a las protecciones legales que amparan las comunicaciones con un abogado.
Antes de cargar correspondencia jurídica, conversaciones sobre posibles acuerdos, registros empresariales confidenciales o información personal sensible, las personas deberían comprender las posibles consecuencias y consultar con su equipo jurídico.
Nada de esto significa que las personas deban dejar de utilizar la IA para prepararse para las conversaciones con sus abogados.
De hecho, esta tecnología podría hacer más accesibles los servicios jurídicos al ayudar a las personas a comprender terminología desconocida, organizar sus preguntas y participar de manera más significativa en las decisiones que afectan sus vidas.
La diferencia está en cómo la utilizamos.
En lugar de pedir: «Demuestra que mi abogado está equivocado», un cliente podría preguntar: «¿Qué preguntas debería plantear para comprender mejor una recomendación de llegar a un acuerdo, incluidos sus riesgos, alternativas y costos?».
Una pregunta busca confirmación. La otra busca comprensión.
Los abogados también tienen responsabilidades. Deben explicar sus recomendaciones, considerar las pruebas que contradigan su postura, reconocer la incertidumbre y estar dispuestos a aceptar correcciones. Las directrices de la American Bar Association sobre IA generativa reafirman que la tecnología no exime a los abogados de sus obligaciones profesionales.
Tampoco deberían los profesionales del derecho utilizar la posibilidad de honorarios adicionales como motivo para desalentar preguntas legítimas. Revisar argumentos extensos generados por IA puede requerir trabajo adicional, pero los clientes merecen transparencia sobre esos costos y una explicación de por qué ese trabajo es necesario.
Trabajar con propietarios de empresas y junto a profesionales del derecho ha reforzado mi convicción de que la confianza no puede exigirse únicamente en virtud de las credenciales. Debe ganarse mediante un criterio sólido, una comunicación clara y la rendición de cuentas.
La IA está cuestionando la autoridad profesional tradicional, y eso no es intrínsecamente malo. Los clientes mejor informados pueden identificar hechos que se hayan pasado por alto, formular mejores preguntas y tomar decisiones con mayor confianza.
Pero la confianza debería ser el resultado de comprender, no simplemente de recibir la respuesta que esperábamos escuchar.
El futuro del asesoramiento profesional no debería ser una competencia entre el conocimiento humano y la inteligencia artificial. Debería ser una colaboración en la que la tecnología amplíe nuestra capacidad de hacer preguntas, mientras quienes ejercen el criterio humano sigan respondiendo por las decisiones de trascendencia.
El objetivo no es formar clientes que hagan menos preguntas.
Es formar personas que comprendan lo suficiente como para hacer mejores preguntas.
Giovanni A. Delfino es un presentador galardonado con un premio Emmy, analista económico, estratega empresarial y fundador y director ejecutivo de DelfinoCo. Ha ofrecido comentarios sobre economía y negocios para Univision y Telemundo y es miembro del Consejo Nacional de Pequeñas Empresas y del Consejo de Pequeñas Empresas de Virginia de Small Business Majority. Es asesor empresarial certificado y coach ejecutivo, y también se desempeña como director de Marketing y Desarrollo de Negocios en The Mundaca Law Firm.