
Dolores Huerta en el Smithsonian de Washington, DC. "Una Vida".

Dolores Huerta afiliando a nuevos miembros del sindicato durante la convención fundacional de la NFWA.

Dolores Huerta sostiene una pancarta al principio de la huelga de los trabajadores de recogida de la uva en Delano, California, en 1965. La huelga y el boicot que siguió llamó la atención de todo el país sobre la situación de los trabajadores del campo.

Dolores Huerta junto a César Chávez fundó el sindicato de trabajadores agrícolas, United Farm Workers (UFW) en los años 60 del siglo XX.
Dolores Huerta está de pie en el centro de una sala de exposiciones de la Galería Nacional de Retratos del Smithsonian, —en Washington, DC— mientras escucha a una curadora contar, con imágenes, la historia de su vida. A los 85 años y sin dar ninguna señal de haber bajado el ritmo, Huerta tiene mucho que contar.
En 1962, fundó con César Chávez la Asociación de Trabajadores del Campo —United Farm Workers. Ayudó a perfeccionar las tácticas usadas en las protestas —marchas, boicots, huelgas de hambre— tan comunes ahora para las organizaciones progresistas. Recibió el apodo de “La dama dragón” por parte de los negociadores masculinos de la industria de la uva, quienes terminaron sometiéndose a las demandas contractuales de su diminuta adversaria. Huerta educó 11 hijos, quienes le han dado 17 nietos y ocho bisnietos. Y popularizó el grito de combate “Sí se puede”, omnipresente ahora en las protestas, campañas presidenciales y competencias deportivas.
“Esto es increíble”, dice Huerta, cuando la curadora Taína Caragol concluyó la introducción a la nueva exposición “Una Vida: Dolores Huerta”, que permanecerá abierta al público hasta el 15 de mayo de 2016. “Creo que lo único que falta aquí es mi reseña policial”, comenta.
Es posible que no haya ninguna fotografía de archivo policial de las dos docenas de arrestos de los que fue objeto durante sus actividades de protesta no violenta, pero lo que la exposición sí muestra es una foto de ella en la cama de un hospital, en 1988, después de una paliza que recibió de la policía de San Francisco, que le significó la ruptura del bazo y fracturas en varias costillas, cuando tenía 58 años.
Para la Galería de Retratos, que se dedica a relatar la historia de los Estados Unidos a través de imágenes individuales de personajes de relevancia, la mayoría de los cuales ya no viven, las exposiciones periódicas de “Una Vida” son una oportunidad para profundizar en la vida de estos personajes, a través de “ensayos visuales”, afirma Caragol. La de Huerta se une a exposiciones previas, como las de Martin Luther King Jr., Abraham Lincoln, Thomas Paine y Elvis Presley, con la notable diferencia de que ella todavía está con nosotros.
Caragol presionó para realizar la exposición sobre Huerta porque considera que su historia merece una mayor atención a nivel nacional. En una reciente biografía de Chávez, por ejemplo, se menciona a un abogado de sexo masculino negociando un innovador contrato laboral a favor de los agricultores, cuando, según Huerta, fue ella quien realmente lo negoció. Caragol añade que la exposición reconoce que el movimiento laboral agrícola y la personalidad de Huerta sirvieron como prototipos para esfuerzos similares reconocidos más adelante.
“Dolores integró su familia a su organización”, dice Caragol. “Gracias a ese nuevo modelo de la feminidad, ella se convirtió en un icono del feminismo para feministas convencionales, como Gloria Steinem, y en un icono muy importante para las chicanas dentro del movimiento chicano”.
De voz suave, en un traje verde, la Dama Dragón no respira fuego. Más bien parece un poco intimidada por la atención que recibe. Pero está aquí, después de todo, posando pacientemente para las fotos, y dando entrevistas. Este es otro movimiento que sirve al movimiento, y el calor que aquellos trabajadores debieron sentir cuando cultivaban uvas se revela a sí mismo como una quemadura sutil y lenta, a medida que Huerta plantea, con dulzura, sus opiniones sobre los aspectos más sencillos de la decencia humana que no han sido garantizados, y por los cuales ha sido necesario luchar.
“Los baños y el agua potable fresca en los campos”, dice ella. “Eso lo conseguimos en nuestro primer contrato sindical en 1966. Se convirtió en ley en California en 1975. Y a nivel nacional, fue obligatorio en 1982”.
La exposición celebra el 50º aniversario de la huelga de agricultores de la uva en Delano, Calif., en 1965, cuando los trabajadores se retiraron de los campos, en el Valle Central de California. La protesta creció hasta convertirse en un boicot nacional y fue el inicio del movimiento de trabajadores agrícolas. La victoria llegó cinco años más tarde en forma de acuerdos de negociación colectiva entre los trabajadores y los principales productores de ese estado. Caragol juntó fotos, videos y objetos que se concentran en esos primeros 15 años decisivos del movimiento.
Para Huerta, cada imagen en la exposición cuenta una historia. Una imagen la muestra sosteniendo en alto un cartel hecho en casa con letras grabadas que dicen “Huelga”.
“Aquí estoy de pie en un automóvil, en el campo de [los productores] Schenley ” en Delano, en 1965, dice.
Más tarde, continúa, en 2010, en una cena de Estado de la Casa Blanca para el presidente de México, estuve sentada, por casualidad, “al lado de un señor que me contó la historia de cómo había representado esta empresa llamada Schenley”. El hombre era abogado, “y lo habían enviado a Delano para averiguar la razón de la huelga”.
Durante la cena, el abogado le contó que él aconsejó a los jefes del campo dejar de cobrarles a los trabajadores una buena fracción de sus salarios por hora por el agua.
¿Quién era este compañero casual en esa cena en la Casa Blanca?
“Era el Juez [Anthony] Kennedy de la Corte Suprema”, dijo Huerta. “¡El Juez Kennedy estaba en Delano! ¿Quién lo iba a saber? “
Otra foto muestra a los huelguistas marchando desde Delano hasta Sacramento, en 1966.
“Este retrato es sobre el poder de organizarse”, dice Huerta. “Sólo había 70 trabajadores agrícolas cuando empezamos la marcha. . . . Cuando llegamos a Sacramento [25 días después] éramos 10.000 personas”.
Fue justo en medio de esa marcha, dice, “cuando recibimos la llamada telefónica de que Schenley quería negociar”.
Más allá de las victorias retratadas en la exposición, el entusiasmo de Huerta se intensifica sobre lo que está aún por lograr. Lo ganado por los trabajadores agrícolas en California ha sido prácticamente igualado en muchos otros estados, afirma.
En estos días, ya ella no es dirigente sindical. A través de su fundación y esfuerzos personales, continúa trabajando todavía en otros temas, desde la reforma migratoria y los derechos de los LGBT hasta el etiquetado de los alimentos modificados genéticamente.
“Todos los movimientos empiezan desde abajo”, dice. “Yo lo he vivido. Lo he visto. Sólo tenemos que seguir trabajando”.
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Una vida: Dolores Huerta, hasta el 15 de mayo de 2016 en la Galería Nacional de Retratos, Calles octava y F del NW, Washington, DC. 202- 633- 8300.