
"Santiago", dice ser vocero de la mara Barrio 18.

Ciudad Delgado es uno de los lugares tomados por las maras salvadoreñas.
Tomás Rodriguez, un inmigrante salvadoreño que vive en el Norte de Virginia, se expresa con dureza al hablar de los mareros o pandilleros salvadoreños..
“No merecen vivir,” dice y explica que su hermana fue secuestrada por el jefe de una mara en El Salvador.
“Estaba enamorado de mi hermana y dijo que iba a matar a toda mi familia si no dejaban que se la llevara”, añade.
Tomás, en Virginia, dice sentirse “feliz” cuando escucha que la policía está matando a pandilleros. “Ojalá mueran más de ellos y no personas inocentes”, comenta.
Luego de décadas de brutalidad pandillera, muchos salvadoreños —aquí y en El Salvador— celebran el duro ataque del gobierno contra las maras, aunque algunos expresan temor por la manera en que está ocurriendo. Tomás cuenta que en Lourdes, su cantón, la policía lleva a cabo registros indiscriminados en muchas casas intimidando a personas inocentes, como su madre y hermano.
“Un día entraron, tomaron fotos y golpearon a mi hermano sin razón”, dice. “Odio a los mareros… no odio a la policía, pero no me gusta la forma como actúan.”
¿Soluciones económicas?
En Ciudad Delgado, un pueblo cerca de San Salvador, los residentes malviven con menos de $200 al mes. Es un tercio de lo que se precisa para sobrevivir aquí. Tomás, el salvadoreño de Virginia que odia a las maras, nos contó como muchos de los niños abandonados y malnutridos de su cantón se convirtieron en asesinos despiadados. En Ciudad Delgado también hay gran cantidad de carne de cañón para las maras.
“Matan a madres, a hijos, a familias, matan a todo el que tenga que ver con las maras”, asegura José un expandillero que fue deportado desde Washington hace unos años. Y los pobres de El Salvador se encuentran en el fuego cruzado de esta “guerra”.
Un hombre que se hace llamar Santiago es vocero de Barrio 18, la pandilla más grande de El Salvador después de MS-13. Santiago dice que la suya es la historia de millones de salvadoreños que sufren pobreza extrema. “Muchos días solo teníamos un huevo para comer y tenía que compartirlo con mi hermana”, explica.
“Aquí no invierte ni el estado, ni el sector privado ni las iglesias ni las ONGs, el abandono es el mismo”, dice Santiago y enfatiza que las pandillas redujeron los asesinatos un 60% a raíz de la tregua entre 2012 y 2014, pero, según él, las promesas del gobierno de encontrarle a los pandilleros maneras legales de ganarse la vida nunca se cumplieron. Por eso continuaron las extorsiones y las matanzas. “El terror que la gente nos tiene es válido, pero no entienden que nosotros somos como ellos: pobres, sin trabajo, preocupados por nuestras familias e hijos”, explica Santiago y asegura que si la sociedad se acerca a ellos, las maras están preparadas para dejar los crímenes y participar en proyectos de obras públicas, pero sin destruir la estructura de la mara. Pocas voces —la mayoría religiosos o académicos— se pronuncian a favor de un pacto con las maras. Pero esto parece poco probable, dada la ofensiva gubernamenta; y la aprobaci’on de una ley que cataloga a las maras de “terroristas”, lo cual incluye también a todos aquellos que les den apoyo.
Entre DC y El Salvador
Y mientras, sigue el conteo de cadáveres en El Salvador: 907 muertos en agosto y más de 4.000 en lo que va del año.
“No estoy segura de cuál es la solución”, dice Lisa Rodriguez quien viven en Rosslyn, Virginia, y enseñó inglés en El Salvador el año pasado.
“Creo que es importante que la gente en Estados Unidos y en otras partes del mundo conozca lo que está pasando y que no ignoremos esta situación”, dice Lisa quien está casada con Tomás, el hombre cuya hermana fue raptada por el jefe de una mara. Lisa es una más del creciente número de estadounidenses con lazos maritales, profesionales o emocionales a un país conocido como El Pulgarcito de América.
“Somos más de los que la gente piensa”, dice Lisa. Y todos ellos viven esta tragedia llenos de preocupación.
——————————————————————————————————
Este artículo es parte de la serie de Armando Trull sobre la violencia en El Salvador. Se trata de una colaboración entre WAMU 88.5, Telemundo y El Tiempo Latino. @TrullDC