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Cristaldo, el activista que quiere llegar al Concejo de DC

Mario Cristaldo, el hijo del enfermero militar Anselmo Cristaldo y la secretaria Damiana Vargas, quiere ser concejal, no de Asunción, la “ciudad del lapacho en flor” donde nació hace 57 años, sino de Washington, DC, la capital política del planeta.

Cristaldo aspira que los latinos al fin tengan voz y voto en el Concejo, porque la diversidad étnica reclama, porque están bien integrados en el tejido social y porque en DC viven y trabajan unos 80 mil hispanos. Los otros candidatos latinos son Mónica Palacio, Franklin García, Alex Padro, Claudia Barragán y Martín Miguel Fernández.

En la universidad, el entonces estudiante de agronomía fue un visible abanderado de protestar en contra de la dictadura de Alfredo Stroessner. Desde entonces, ya sea desde los calurosos latifundios agrícolas paraguayos o desde las barriadas pobres de DC, Cristaldo ha hecho de su trabajo de organizador comunitario y activista su segunda piel.

“Lo conozco desde el 98 y siempre he visto que le encanta ser voluntario, envolverse en la solución de los problemas de los latinos y ayudar sin importar el color”, dice su amigo, el empresario salvadoreño Miguel Rubio, quien también asegura que ya en la faceta de la amistad, Cristaldo “es bien chévere, bromista y leal. Es un buen ser humano”.

Por su protagonismo en contra de la dictadura como la segunda cabeza más visible de la Federación de Estudiantes Universitarios de Paraguay, le cerraron las puertas laborales. El absolutismo había terminado, pero el andamiaje seguía intacto y el ingeniero agrónomo, especializado en administración agraria, de pronto se vio viajando a Estados Unidos.

Pasaba por su universidad, en uno de los murales leyó el anuncio: se necesitan jóvenes agrónomos para trabajar en Estados Unidos y a Hawaii se fue. “Pasé de vivir en ‘Paraguay, una isla rodeada de tierra’, como decía nuestro escritor Augusto Roa Bastos, a vivir en una isla rodeada de agua”. ¿Y el inglés?, lo fue aprendiendo en el camino.

En la isla grande hizo buenas migas con los trabajadores temporales mexicanos en las granjas de tomates, pepinos y macadamia. Él era uno de los jóvenes agrónomos extranjeros que ayudaba en la traducción y supervisión. De esa experiencia le viene su apego a trabajar por los jornaleros de DC, porque en las tierras cercanas a la ciudad Kailua-Kona vio lo duro que les era ganarse la vida durante seis meses para luego volver a México.

“Mario es nuestro compañero de lucha desde hace 15 años. Siempre está de lado de los jornaleros defendiendo nuestros derechos. Tiene bien claro lo que nuestra comunidad necesita y desde ya lo apoyo para su campaña al Concejo. A veces las personas miramos a los que están arriba y no vemos a la gente de base que conoce mejor a la comunidad, Mario es uno de esos, tiene trayectoria e ideas claras”, así reflexiona Arturo Griffiths, director ejecutivo del Movimiento Trabajadores Unidos.

Tras dejar Hawaii llegó a Maryland y desde entonces al área metropolitana y su barrio Adams Morgan son su casa. El mayor de ocho hermanos, que de niño siempre se sentaba en primera fila y solo tenía sobresalientes en la libreta, aquí forjó una vida entre el activismo y la organización de base. Durante ocho años llevó adelante la gestión de iniciativas para la construcción de vivienda comunitaria en la empresa Manna Inc., fue analista de asuntos comunitarios de la concejal Anita Bonds y director interino de Vida Senior Center.

Atrás quedaron los años de adolescente transcurridos a ritmo de los Bee Gees y la imitación de los pasos de John Travolta; también son parte del pasado los tiempos de oposición al dictador y el año que estudió matemáticas en la Universidad de la Plata, en Argentina, y se maravilló de la fuerza del movimiento estudiantil gaucho.

En su baúl de memorias Cristaldo guarda su época de estudiante de filosofía política cristiana, que años más tarde devendría en el movimiento que catapultó a la presidencia a Fernando Lugo.

Pero esa es otra historia, Cristaldo ya vivía aquí y era, como dicen los paraguayos, consiente de donde aprietan los zapatos, así que se fue en busca de una maestría en desarrollo comunitario en Southern New Hampshire University. Su título en agronomía de la Universidad Nacional de Asunción no bastaba.

“Necesitaba una base más analítica para entender, por decir, el por qué la cohesión de los movimientos comunitarios de los 60 ya para los 90 casi no existía. Ahora sé que sin educación ni vivienda digna no hay progreso”.

Tenía un país de tamaño continental para escoger dónde ir, pero se enamoró de Washington DC y de una profesora de las universidades George Washington y John Hopkins, llamada Cara. Con ella lleva casado desde hace más de 20 años.

Acababa de aterrizar en DC, en 1994, y su experiencia de activista y organizador estudiantil pronto encontró oficio. Saltaron los resortes de la tensión social en Mount Pleasant por el abuso en contra de los latinos que llegaban huyendo de las guerras centro americanas, se creó Latinos Civil Rights Task Force y allí sirvió como voluntario. “El choque cultural era grande, no había comunicación por la falta del idioma. Para mi sorpresa las diferencias entre los que tienen y los que no tienen eran las mismas de mi país: falta de vivienda, de oportunidades y de sensibilidad”. La defensa de los inmigrantes y salarios justos los agregó en su agenda.

Desde entonces Cristaldo acaricia la idea de que los latinos estén en el Concejo. “La decisión de correr para concejal es muy personal. Estoy en una etapa de la vida en la que siento que mi experiencia y mi compromiso de trabajar por todos pueden ser útiles”.

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