Muchas mujeres no hacen suficiente ejercicio durante el embarazo y comen una dieta que no es saludable. FOTO: Washington Post por Jahi Chikwendiu.

Aumenta el riesgo de hipertensión durante el embarazo y las posibilidades de tener un bebé grande. El bebé también corre un mayor riesgo de nacer antes de tiempo, así como de desarrollar diabetes de tipo 2 en el futuro.

El médico Mark Landon lleva 40 años tratando embarazos de alto riesgo en sus clínicas de la Universidad Estatal de Ohio y realiza investigaciones clínicas sobre las complicaciones de la diabetes gestacional, el tipo de diabetes que se desarrolla durante el embarazo. Sostiene que en los últimos 15 años ha visto algo bastante preocupante: una duplicación en el número de casos.

"Esto es preocupante desde el punto de vista de la salud pública", afirma Landon, profesor y presidente del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Ohio.  "Es el inquietante presagio de un aumento similar de la diabetes de tipo 2 en la población del futuro".

Cada vez hay más pruebas que sugieren que lo que Landon ha visto en su propio consultorio se está experimentando en todo el país: En los últimos años se ha producido un sorprendente y continuo aumento de la diabetes gestacional que preocupa a muchos expertos.

"El aumento es llamativo y alarmante", dice Sadiya Khan, profesora asociada de Medicina en la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y autora principal de un estudio reciente que halló que la tasa de diabetes gestacional aumentó de 47,6 a 63,6 por cada 1.000 nacidos vivos entre 2011 y 2019. "No solo notamos un incremento, sino que se produjo en un corto periodo".

El estudio examinó los datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de 12.610.235 mujeres de entre 15 y 44 años que tuvieron su primer bebé. "Hubo un aumento constante de un 3,7 por ciento cada año", dice Khan. "Las minorías siguen teniendo las mayores tasas [de la enfermedad], pero el cambio a lo largo del tiempo fue similar en todos los grupos".

Ella y su equipo han empezado a estudiar datos más recientes y dicen que se espera que el aumento continúe. "Los estimados preliminares muestran un salto del 6,9 por ciento [de todos los embarazos] en 2019 al 7,8 por ciento en 2020", dice.

La diabetes gestacional se produce durante el embarazo cuando el cuerpo no puede producir suficiente insulina, la hormona fabricada por el páncreas que controla la cantidad de glucosa en la sangre y ayuda a regular el metabolismo de los alimentos. Durante el embarazo, el cuerpo produce más hormonas y experimenta otros cambios, como el aumento de peso, lo que hace que las células utilicen la insulina con menos eficacia - una condición llamada resistencia a la insulina -, lo que provoca un aumento del azúcar en sangre.

Aumenta el riesgo de hipertensión durante el embarazo y las posibilidades de tener un bebé grande que requiera un parto por cesárea.  El bebé también corre un mayor riesgo de nacer antes de tiempo, lo que puede provocar problemas respiratorios y de otro tipo, así como de desarrollar diabetes de tipo 2 en el futuro.  Aunque los niveles de azúcar en sangre de la madre suelen volver a la normalidad tras el parto, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), aproximadamente la mitad de esas mujeres desarrollan diabetes de tipo 2 más adelante. La Asociación Americana del Corazón sostiene que la diabetes gestacional también incrementa el riesgo de que una mujer desarrolle una enfermedad cardiovascular.

"La diabetes gestacional es un problema realmente común e importante en el embarazo", afirma Camille Powe, profesora adjunta de Obstetricia, Ginecología y Biología Reproductiva de la Escuela de Medicina de Harvard y codirectora del programa de diabetes en el embarazo del Hospital General de Massachusetts.  "Las tasas van en aumento.  Tenemos que averiguar realmente cuál es la mejor manera de prevenirla, tratarla, hacerla más llevadera para las pacientes, además de cómo prevenir las complicaciones de salud a largo plazo tanto en las madres como en sus hijos".

Las embarazadas suelen someterse a pruebas de detección de la diabetes gestacional entre las 24 y las 28 semanas, a veces antes si presentan factores de riesgo evidentes.  Los expertos describen la obesidad como el mayor peligro, por lo cual el incremento de la diabetes gestacional no es sorprendente, ya que la epidemia de obesidad también ha ido en aumento en este país.  Según los CDC saltó del 30,5 por ciento entre los adultos en el período 1999-2000 al 42,4 por ciento en 2017-2018.

Otros factores de riesgo son los antecedentes familiares de diabetes de tipo 2, tener más de 25 años en el momento del embarazo, haber padecido diabetes gestacional durante un embarazo anterior, haber dado a luz a un bebé de más de 9 libras o haber tenido gemelos o trillizos, y padecer el síndrome de ovario poliquístico, una afección que dificulta el embarazo y suele ir acompañada de resistencia a la insulina.  Fumar también aumenta el riesgo. Algunos expertos afirman que también puede influir la genética.

Según los CDC, las mujeres pertenecientes a minorías - afroamericanas, hispanas/latinas, indias americanas, nativas de Alaska, nativas de Hawái o de las islas del Pacífico - también corren un mayor riesgo.

"Creo que el mayor factor de riesgo es claramente la obesidad", dice Landon. "Pero después, dependiendo de dónde se viva, también creo que el aumento es atribuible, al menos en parte, al incremento de la población inmigrante, que tiene un riesgo sustancialmente mayor de padecer diabetes del adulto".  En Columbus hace 30 años, nunca vi a una mujer latina con diabetes gestacional.  Pero ahora, cuando voy a las clínicas de diabetes y embarazo, la mitad de las pacientes son mujeres latinas".

Aun así, no todas las mujeres que desarrollan diabetes gestacional tienen factores de riesgo evidentes.

"Muchas personas en mi consulta se sorprenden de tener diabetes gestacional", dice Powe. "No es necesario tener factores de riesgo. Hay mucha gente que no come sano y no hace ejercicio, y no presenta la enfermedad, y mucha gente que come sano y hace ejercicio, y la tiene. Eso no significa que no se pueda hacer nada. Comer de forma saludable y hacer ejercicio físico reducirá el riesgo, pero no se trata de un asunto de todo o nada. Es una combinación de suerte, factores de riesgo, hormonas y sus conductas".

Incluso algunas mujeres con claros factores de riesgo no esperaban el diagnóstico.

"Me sorprendió", dice Emily Mann Fengya, de 37 años, de Wallingford (Connecticut), una ejecutiva de mercadeo convertida en ama de casa.  Antes de su primer embarazo, pesaba 230 libras y medía 1,70 metros, y tiene un frondoso historial familiar de diabetes.  Aun así, "nunca había oído hablar de ella y no comprendí su gravedad hasta que estuve embarazada", dice.

Los expertos adjudican el aumento, al menos en parte, a la fácil disponibilidad de alimentos procesados baratos que suelen tener un alto contenido en azúcar y grasa, y al estilo de vida sedentario, que contribuyen a la obesidad.  También cuentan que hay más mujeres que retrasan el embarazo hasta que son mayores. (La edad también es un factor de riesgo para la diabetes de tipo 2)

La pandemia probablemente también añadió factores adicionales al aumento más reciente, dice Khan. "El incremento se suma a los que ya se estaban produciendo", dice, citando "el estrés, la limitación de la actividad física por el aislamiento y la mala alimentación desde el encierro".

Kartik Venkatesh, obstetra de alto riesgo y epidemiólogo perinatal de Ohio State's Wexner Medical Center, señala que aconsejar a las mujeres que coman alimentos más saludables, hagan ejercicio y pierdan peso no siempre es fácil.  Los alimentos saludables pueden ser caros y no siempre accesibles en muchas comunidades de bajos ingresos, especialmente en las que proliferan los establecimientos de comida rápida.

"Algunas mujeres viven en 'desiertos' alimentarios y en lugares donde no pueden adoptar hábitos de ejercicio seguros", afirma. "Esta epidemia es compleja, con causas que también son de naturaleza socioeconómica.  La demografía también puede desempeñar un papel importante".

Katherine Laughon Grantz, investigadora de la división de investigación en salud de la población del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, está de acuerdo.

"La sociedad podría hacer más para apoyar a las mujeres embarazadas", dice Grantz, que también es ginecóloga y obstetra a tiempo parcial en el MedStar Washington Hospital Center en Washington.DC.  "Aunque hay muchas cosas que las mujeres pueden hacer para reducir su riesgo, como lograr un peso saludable y tener una dieta sana, a menudo existen barreras para alcanzar estos objetivos. ¿Cómo podemos ayudarlas a hacerlo? Es sin duda un tema en el que debemos centrarnos en el futuro".

Tras el diagnóstico, las mujeres deben realizar cambios drásticos en sus hábitos alimentarios, y en un corto periodo.  También deben comprobar su nivel de azúcar en sangre con un pinchazo en el dedo al menos cuatro veces al día - una vez por la mañana después de pasar la noche en ayunas - y después de cada comida. Si no hay una mejora de los niveles de azúcar en la sangre al cabo de unas dos semanas - y aproximadamente una de cada cuatro mujeres no lo consigue, dice Venkatesh - deben empezar a medicarse. Es una situación difícil, pero la mayoría de las mujeres están dispuestas a hacerlo, dice.

"Una vez que le explicas a una madre las implicaciones para su bebé, es muy diferente que si fuera para su propia salud", dice. "Están dispuestas a dar pasos extraordinarios para mejorar la situación para sus hijos".

Fengya, cuyos hijos tienen ahora 4 y 1 año, dice que ciertamente se sintió así. Al final, tuvo que tomar medicamentos. Sin embargo, ha mantenido los cambios de dieta que hizo durante el embarazo, está haciendo ejercicio y ha empezado a perder peso. Su nivel de azúcar en sangre volvió a la normalidad después de los partos, pero quiere evitar desarrollar una diabetes de tipo 2 más adelante. No le gustaba tener que pincharse con una aguja varias veces al día, pero no lo dudaba.

"Cualquier dolor valía la pena", dice. "Sabía que lo hacía por el bebé".

Washington PostMarlene Cimons

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