Aunque los arrestos masivos de inmigración ya no ocupan titulares todos los días, ICE sigue operando de forma constante en Washington DC y sus alrededores. Los números disminuyeron después de un pico fuerte en agosto de 2025, pero nunca volvieron a niveles bajos. Para muchas familias latinas, eso se traduce en una rutina marcada por la precaución, el miedo y la incertidumbre de una posible detención.
Arrestos que no se detienen
ICE intensificó sus operativos en DC a finales de agosto, tras el despliegue federal impulsado por el presidente Donald Trump. En ese momento, los agentes realizaron un promedio de 30 arrestos diarios, según datos analizados por Axios a partir del Deportation Data Project, un grupo independiente que obtiene información mediante solicitudes Ley de Libertad de Información (FOIA).
El 21 de agosto de 2025 fue el día más duro: 41 personas arrestadas en un solo día, el número más alto registrado en los datos disponibles.
Después de ese pico, los arrestos sí bajaron, pero no se detuvieron. Pasaron a unos siete arrestos diarios, y para mediados de octubre volvieron a subir, duplicándose otra vez. En resumen: el ritmo cambió, pero la presencia de ICE nunca desapareció y sigue siendo mucho mayor que al inicio del mandato de Trump.
Datos incompletos y poca transparencia
Los datos públicos solo llegan hasta el 16 de octubre y no hay fecha para una nueva actualización. ICE dejó de actualizar su panel oficial al comenzar la nueva administración Trump, lo que obligó a organizaciones externas a hacer el seguimiento. El Departamento de Seguridad Nacional tampoco respondió preguntas sobre sus operaciones actuales en DC.
Más presupuesto, más arrestos
El contexto nacional refuerza esta tendencia. El presupuesto de ICE se multiplicó casi por ocho, hasta alcanzar unos $75 mil millones, bajo liderazgo republicano en el Congreso. La disputa por ese financiamiento fue tan intensa que provocó un cierre parcial del gobierno federal, luego de que legisladores demócratas exigieran cambios en la conducta de los agentes y en la aplicación migratoria antes de aprobar nuevos fondos para el Departamento de Seguridad Nacional, que incluye a ICE. Todo esto ocurre mientras la agencia enfrenta una fuerte reacción política y amenazas de un cierre del gobierno federal.
Y DC no es el único ejemplo. En Minneapolis, agentes federales arrestaron a cerca de 100 personas indocumentadas en un solo día, en un operativo incluso mayor que el vivido en la capital.
DC tiene las manos atadas
Mientras otros estados y ciudades buscan limitar la aplicación migratoria federal, Washington DC tiene menos poder para hacerlo. La alcaldesa Muriel Bowser intentó el año pasado suavizar algunas protecciones de “ciudad santuario” para evitar choques con la Casa Blanca. Al mismo tiempo, concejales del Distrito han pedido que la policía local deje de cooperar con ICE, sobre todo tras la difusión de videos donde se ve a funcionarios de la ciudad junto a agentes federales durante arrestos. Bowser ha sido clara sobre las limitaciones del Distrito:
“ICE está patrullando ciudades estadounidenses. Si no queremos eso, el Congreso tiene que dejar de financiar a ICE”.
Cómo se siente en la calle
Más allá de los números, la presencia constante de agentes federales se siente en la vida diaria. Cambian los hábitos, se reducen las salidas y aumenta el temor. Aunque el presidente Trump asegura que el aumento de la presencia policial ha beneficiado a restaurantes y comercios, varios dueños locales no están de acuerdo y reportan menos clientes y más cancelaciones, especialmente en negocios ligados a comunidades inmigrantes.
En pocas palabras, lo que ocurre en DC no fue un operativo puntual ni un momento aislado. Es una estrategia sostenida. Con arrestos que continúan, un presupuesto en expansión y pocas herramientas locales para frenarlos, la comunidad latina del DMV vive una normalidad marcada por la vigilancia, la cautela y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿hasta cuándo?
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