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Se fue Maduro, pero quedó el reparto

Entonces la pregunta es inevitable: ¿quién gobierna hoy a Venezuela?

Photo by Leonardo Guillen / Unsplash

                     Atención: Secretario de Estado Marco Rubio

Ya han pasado cuatro meses de la salida de Nicolás Maduro y Cilia Flores del escenario político de Venezuela y hoy, la pregunta que retumba en cada hogar venezolano es inevitable: ¿qué ha cambiado realmente? Para mí la respuesta es tan cierta como frustrante: muy poco.  El reparto de riquezas sigue y el de los actores en el escenario político y represivo del país continúa intacto.

Es cierto que ha habido excarcelaciones, ojo no liberaciones de presos políticos que nunca debieron perder su libertad. A duras penas, a cuentagotas. Pero también es cierto que, cuatro meses después, más de 500 presos de conciencia siguen tras las rejas.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿quién gobierna hoy a Venezuela?
¿Y quién es responsable de esos presos?

Porque si la respuesta ya no es el Chavismo/Madurismo, entonces hay que tener la honestidad de plantear otra posibilidad: que esa deuda hoy recae también sobre quienes dicen estar facilitando la transición…

También es cierto que se aprobó una Ley de Amnistía. Pero más que un instrumento de justicia, parece diseñada para blindar a quienes eventualmente podrían necesitar perdonarse a sí mismos.

Ahí está el caso de la Jueza María Lourdes Afiuni, una víctima icónica de la furia de Chávez y condenada por él en cadena televisiva nacional y a quien le han negado la amnistía. También el destacado jurista, Perkin Rocha, no solo se le ha negado amnistía, sino que continúa con un grillete en el tobillo como si fuese un delincuente de alta peligrosidad. Inaceptable como otros tantos casos que no tengo espacio para nombrar.

Le preguntamos entonces al gobierno de Estados Unidos, el cual supuestamente se encuentra a cargo de la transición en Venezuela: ¿y es que se les olvidó lo que dice la declaración de su independencia?  “Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”

¿Ustedes solo aplican esos principios dentro de sus fronteras?
¿O es que los venezolanos no merecemos los mismos estándares de ustedes?

Hace unos días, un amigo muy cercano al gobierno norteamericano  me dijo una frase que todavía resuena: “Ana Julia, qué lástima que tu país sea un botín”. Un botín. Así nos vieron los Castro y toda la izquierda corrupta Latinoamericana aliada con Chávez y Maduro durante casi tres décadas. No podemos permitir que ahora otros comiencen a vernos igual.

Venezuela no es botín de nadie. Es nuestra patria. Y la queremos recuperar con un gobierno que verdaderamente nos represente. Porque hoy existe una verdad muy incómoda para quienes adentro y afuera pretenden gobernarnos:  nadie que ejerce poder en nuestra Venezuela en este momento ha sido elegido en elecciones libres y justas. Nadie tiene la legitimidad de origen que solo es otorgada por el voto del pueblo soberano. Nadie.

Y aquí es donde hay que ser claros: los venezolanos sí sabemos agradecer. Sabemos reconocer el papel que jugó Estados Unidos en la salida de Maduro. Pero agradecer no es callar y mucho menos cuando lo que está en juego es el futuro del país. El pueblo venezolano no resistió décadas de persecución, hambre, tortura y exilio para aceptar una transición sin democracia.

En Venezuela necesitamos elecciones. Elecciones libres, transparentes y competitivas. Elecciones donde puedan participar todos los liderazgos de la oposición democrática, incluida María Corina Machado, hoy excluida de manera arbitraria.

Porque sin voto, no hay legitimidad y sin ella, no hay esperanza de un país viable.

Y quiero terminar con un mensaje muy especial dirigido directamente al secretario de Estado Marco Antonio Rubio. Soy Venezolana Americana, nacida en La Habana Cuba: usted sigue siendo la esperanza de todos nosotros y nos tiene muy extrañados su silencio. Usted sabe que su futuro político depende de nuestro voto en Estados Unidos y ese voto, depende a la vez, de que usted realmente nos ayude a devolver la democracia a mi Venezuela y nuestra Cuba. Confiamos en usted.

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