ir al contenido

Venezuela, terremotos, Delcy Rodríguez y Trump

En Venezuela tembló tres veces. Los dos primeros, fueron inevitables. El tercero y el único que puede repararse, fue obra de un Estado fallido. Presidente Trump: usted puede ayudar a reparar ese tercer terremoto.

 Personas descansan en un polideportivo donde viven centenares de personas una semana después del doble terremoto de Venezuela, este miércoles, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

En Venezuela tembló tres veces. Los dos primeros, fueron inevitables. El tercero y el único que puede repararse, fue obra de un Estado fallido. Presidente Trump: usted puede ayudar a reparar ese tercer terremoto.

Cuando la tierra tiembla, la naturaleza nos recuerda nuestra fragilidad. Ninguna ideología puede detener el movimiento de las placas tectónicas. Ningún líder popular puede contener con su verbo la fuerza de un terremoto. Pero sí existe algo que distingue una tragedia natural de una tragedia humana: la existencia de un Estado capaz de proteger a su gente. ¿Dónde estaba el gobierno de Delcy Rodríguez mientras los venezolanos desesperadamente con las uñas escarbaban los escombros para rescatar a sus seres queridos? ¿Por qué el silencio de las sirenas de los bomberos? ¿Por qué los gritos y los quejidos de las víctimas llenaron el espacio de las bocinas de las ambulancias también ausentes?

En la tradición bíblica, el Leviatán es el monstruo del caos. Siglos después, Thomas Hobbes tomó esa imagen para convertirla en el símbolo del Estado: un poder al cual los ciudadanos entregan parte de su libertad a cambio de una promesa esencial: la protección. Ese es el centro del contrato social. Ese contrato fue roto por el chavismo en Venezuela mucho antes de que la tierra comenzara a temblar.  Lo que no se entiende es que hoy, después de dos devastadores terremotos y bajo el tutelaje de la mayor potencia del mundo, volvemos a encontrarnos los venezolanos sin protección, solos luchando contra una adversidad mayor de la cual deberíamos ser protegidos. En cambio, vimos a policías y Guardias Nacionales obstruyendo las acciones de rescate como si ya hubiesen hecho el diabólico cálculo de que para mantenerse en el poder era mejor dejar a la gente morir, que tratar de salvarla.

Los venezolanos sabemos que el chavismo acumuló durante 27 años grietas invisibles. Colapsó el sistema de salud antes que los hospitales. Se derrumbó la educación antes que las escuelas. Se apagó el sistema eléctrico antes que las ciudades. Se quebró el Estado de Derecho antes que los edificios. La corrupción desplazó al mérito. La propaganda sustituyó a la verdad. Mientras el país se debilitaba, el Leviatán venezolano crecía, pero no para proteger ciudadanos, sino para protegerse a sí mismo. Se fortalecieron los mecanismos de vigilancia mientras colapsaron los servicios públicos. En otras palabras, sobrevivió el poder, el Estado no.

Toda tragedia exige solidaridad, pero también exige rendición de cuentas.

La primera responsabilidad por este tercer terremoto recae sobre Delcy Rodríguez, quien hoy ejerce el poder en Venezuela como presidenta interina tras ser respaldada por la Casa Blanca. Despreciada por la inmensa mayoría de los venezolanos por su complicidad con los crímenes de lesa humanidad del Madurismo, es corresponsable del cementerio institucional construido durante más de un cuarto de siglo.

Presidente Trump, la rendición de cuentas tampoco termina en Caracas, también lo alcanza a usted y a quienes, desde su administración, le han fallado al pueblo venezolano en el momento en que más necesitaba solidaridad, liderazgo y ayuda para salvar vidas.  No se nos olvida que al día siguiente del terremoto, usted declaró que los venezolanos “a pesar del terremoto estaban bailando en las calles" porque se estaba vendiendo mucho petróleo.  Escuchar esas palabras mientras miles de familias buscaban desesperadamente a sus seres queridos bajo los escombros, no solo produjo estupor sino una gran rabia. Presidente Trump, su afirmación sólo admite dos explicaciones: una alarmante desinformación sobre la magnitud de la tragedia o una profunda falta de empatía hacia el sufrimiento de un pueblo. Tratándose del presidente de los Estados Unidos, con acceso a la información más completa del mundo, la primera explicación resulta difícil de sostener. Por ello recurro a su empatía.  Según información pública de periódicos como el Washington Post, el Wall Street Journal y el New York Times, su gobierno sigue negando las garantías políticas y de seguridad para el regreso de nuestra líder, María Corina Machado, y del liderazgo democrático obligado al exilio.

Un país devastado no puede reconstruirse manteniendo fuera de sus fronteras a quienes representan no solo la esperanza de millones de ciudadanos sino la voluntad popular expresada en las elecciones del 28 de Julio de 2024. Ningún país puede reconstruirse expulsando a quienes están llamados a conducir su renacimiento.

Para terminar, solo una pregunta al presidente Trump. Cuando la historia juzgue esta tragedia ¿querrá usted ser recordado como el hombre que ayudó a reconstruir a Venezuela o como quien decidió proteger a quienes la destruyeron?

Últimas Noticias

{{!-- ADHESION AD CONTAINER --}}
{{!-- VIDEO SLIDER AD CONTAINER --}}