Cada mes, cientos de personas colman la sala de espera de la Arlington Free Clinic, tomando un ticket azul para participar de una lotería de cuidados de salud. Sin seguro, desplazados, esperan estar entre las menos de 30 personas que “ganen” y reciban atención gratuita.
Algunos creen que éstos son los últimos días de esta lotería, ya que la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, popularmente conocida como Obamacare, entra en plena vigencia en enero de 2014. Sin embargo, oficiales de la clínica dicen que el sistema seguirá vigente, porque la demanda de servicios aumentará muchísimo. “Seguiremos como siempre”, especificó Nancy Sanger Pallesen, directora ejecutiva de la clínica.
La ley de salud, el cambio más ambicioso en el sistema de salud que ocurre en cincuenta años, busca extender la cobertura a más de 25 millones de personas a lo largo de una década. Pero aún así seguirá dejando a cerca de 31 millones sin atención para 2023.
Este último número abarca a los indocumentados y gente muy pobre que vive en 21 estados que, como Virginia, han decidido no expandir sus programas de Medicaid, como solicitó la ley.
“La ley reducirá a la mitad el número de personas sin seguro”, explicó Matthew Buettgens, del Urban Institute. “Éste es un avance importante, pero no se acerca a la definición de atención universal”, agregó.
Como resultado, mientras los hospitales y las compañías de seguros se preparan para recibir el flujo de nuevos asegurados a partir de enero, los 1.200 centros comunitarios, como la Arlington Free Clinic, están redoblando esfuerzos para atender a aquéllos olvidados por la ley.
Algunas de estas clínicas se enfocarán en la atención de los indocumentados, que no podrán comprar cobertura a través del nuevo mercado de seguros de salud por internet, que se lanza el 1 de octubre. Otras clínicas se enfocarán en el cuidado dental, algo que, dicen, la ley también dejó atrás.
Andre Sokol, un carpintero desempleado de 59 años, es un ejemplo de aquéllos a los que la ley no ayudará, y seguirá buscando su número azul en la Arlington Free Clinic. Sokol perdió su seguro médico al mismo tiempo que perdió su trabajo, y es una de las 1.600 personas que buscan atención en la clínica. El hombre atendió a su madre, que luchó contra la demencia y a su novia, que sufría de una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, hasta que ambas murieron, con apenas dos meses de diferencia.
En enero, Sokol tuvo un cuádruple “by pass” en el Virginia Hospital Center, que asumió los gastos. Según las leyes de Virginia, Sokol no califica para Medicaid, por ser soltero. Tras su odisea médica, Sokol fue aceptado por la Arlington Free Clinic.
Jan Strucker, de 59 años,vive con unos $20.000 al año, padece de una lesión de espalda que necesitará cirugía y cree que sería elegible para subsidios según la ley, pero necesita esperar hasta octubre y la cobertura no comenzaría hasta enero. “Es ridículo. Y estamos a solo unos minutos de la Casa Blanca”, dijo Strucker.
Por este tipo de situaciones es por las que Nicole Lamoureux Busby, directora ejecutiva de la National Association of Free and Charitable Clinics afirma que “no vamos a ver un dramático descenso en el número de nuestros pacientes, todo lo contrario”.
En la Arlington Free Clinic, fundada en 1994, trabajan médicos y enfermeras de manera voluntaria. Cualquier día, se puede ver que la fila de los que buscan un ticket azul, normalmente sigue al doblar la esquina.