El presidente de EEUU habló del problema energético y el precio de la gasolina durante un foro de las principales economías del mundo. FOTO: EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS / POOL.

El gobierno de Biden se prepara para nuevas subidas de los combustibles, pero ve que tiene pocos recursos para combatirlas.

En los últimos días, altos funcionarios de la Casa Blanca han explorado nuevas ideas para responder a los altos precios de la gasolina y han vuelto a considerar algunas que antes habían descartado, desesperados por mostrar que la administración está tratando de abordar la frustración de los votantes sobre el aumento de los costos en las gasolineras.

Los asesores de Biden están estudiando de nuevo si el gobierno federal podría enviar tarjetas de reembolso a millones de conductores estadounidenses para ayudarlos a pagar la gasolina, una idea que habían analizado hace meses antes de descartarla.  Los asesores descubrieron que la escasez en la industria de chips estadounidense dificultaría la producción de suficientes tarjetas de reembolso, señalaron dos personas familiarizadas con el tema.  Los funcionarios de la Casa Blanca también temen que no haya forma de evitar que los consumidores las utilicen para otras compras que no sean de gasolina, según otra persona familiarizada con las discusiones.  Incluso si la administración adopta la propuesta, es probable que requiera la aprobación del Congreso y tenga bajas probabilidades de aceptación entre los legisladores recelosos de gastar más dinero.

En los últimos días, los asesores de Biden también han considerado la posibilidad de invocar la Ley de Producción de Defensa para trasladar diésel y otros productos refinados en caso de que se produzca una escasez localizada, dijeron dos personas familiarizadas con la situación.  Los precios del diésel han subido notablemente, lo que supone una gran amenaza para los sectores del transporte vial y marítimo del país, aunque los expertos afirman que por ahora es poco probable que haya escasez.

La renovada lluvia de ideas refleja que el aumento de los costos del combustible se ha convertido en una de las principales amenazas políticas para la administración Biden y en un serio obstáculo para la economía en general.  La Casa Blanca ha tomado una serie de medidas para intentar solucionar el problema, como comprometerse a una liberación histórica de reservas de petróleo del país y, el miércoles, a enviar una carta a las refinerías pidiéndoles más producción y criticando sus ganancias.  El presidente Joe Biden también ha intentado aumentar la producción a nivel internacional, al presionar a los productores de petróleo del mundo y coordinar la liberación de reservas nacionales con los aliados de EEUU.

Sin embargo, esas medidas no parecen haber ayudado sustancialmente.  El precio promedio de la gasolina a nivel nacional superó los $5 el galón por primera vez este fin de semana, lo que supone un aumento de aproximadamente el 11 por ciento respecto al mes pasado, según la AAA. (El promedio bajó muy ligeramente el jueves con respecto al día anterior, pero sigue superando los $5).  Las encuestas sugieren una frustración generalizada por el aumento de los precios, lo que aumenta la probabilidad de que los votantes castiguen a los Demócratas este otoño y den a los Republicanos el control de al menos una cámara del Congreso el año que viene.

Los funcionarios de la Casa Blanca se han apresurado en los últimos días a revisar de nuevo todas las posibles respuestas políticas federales.  Asimismo, han hablado de pedir a los gobernadores que reduzcan o renuncien a sus impuestos sobre la gasolina, expresó otra persona familiarizada con las discusiones internas de la administración.

Las personas, que hablaron bajo condición de anonimato por tratarse de conversaciones privadas, subrayaron que estas medidas se estaban estudiando de forma preliminar y que no se habían tomado decisiones definitivas.

Los intentos de explorar soluciones fuera de lo común para abordar los altos precios de la energía reflejan la falta de soluciones disponibles para la administración, así como la magnitud del reto que suponen. Los portavoces de la Casa Blanca dijeron que todas las opciones están sobre la mesa, pero un funcionario de la Casa Blanca dijo que era poco probable que avance la propuesta de reembolso -impulsada por algunos Demócratas en el Congreso- debido a las dificultades logísticas.  Los críticos también dicen que la idea podría ser contraproducente, ya que haría subir más los precios al aumentar la demanda de los consumidores.

Otras propuestas planteadas por los expertos en política incluyen la suspensión de la llamada Ley Jones, lo cual reduciría los costos de envío y abarataría el transporte de gasolina desde la costa del Golfo hasta la costa este, la imposición de controles de precios y la prohibición de las exportaciones de energía estadounidense. Sin embargo, todas estas ideas tienen sus propios inconvenientes políticos y prácticos, ya que la Ley Jones cuenta con el apoyo de influyentes grupos sindicales y los economistas advierten que cualquier restricción de la oferta podría agravar el problema.  Una persona dijo que la Casa Blanca también ha estudiado la posibilidad de limitar las exportaciones de combustible, una idea que fue primero reportada por Bloomberg News el jueves.

"No solo no hay una solución existente, sino que nadie cree que vaya a haber una solución convincente", dijo un asesor económico externo de la Casa Blanca. "Se pelean por la narrativa en lugar de pelear por la sustancia, porque siendo realistas, ¿qué pueden hacer?"

El miércoles Biden defendió la trayectoria de su administración, al argumentar que está haciendo todo lo posible para reducir los costos para las familias -incluso en los surtidores- frente a inmensos vientos en contra.

"Estoy haciendo todo lo que está en mis manos para frenar la subida del precio de la gasolina de Putin", dijo Biden, refiriéndose al presidente ruso Vladimir Putin. "Vamos a trabajar para bajar los precios de la gasolina y los alimentos. Podemos ahorrarle a las familias dinero y otras cosas".

La escalada de los precios de la gasolina tiene muchos factores, pero se intensificó con la invasión rusa de Ucrania y las posteriores sanciones occidentales al Kremlin, que interrumpieron el suministro proveniente del que había sido el tercer productor mundial de petróleo. La producción rusa ha caído en más de un millón de barriles diarios debido a las sanciones a las exportaciones que complican las ventas y a las sanciones a las importaciones que perjudican la producción, según Rory Johnston, analista de Commodity Context. Las refinerías necesarias para convertir el petróleo en gasolina y otros productos están al límite, con las refinerías rusas fuera de servicio y la capacidad de refinado de EEUU reducida en aproximadamente un 5 por ciento, según la Administración de Información Energética.

Washington Post - Ishaan Tharoor

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