El poder del dólar está disminuyendo a nivel mundial como consecuencia en parte de la política de China de pagar sus exportaciones de materia prima en yuanes bajo mejores condiciones financieras. FOTO: New York Times - Adam Pérez.
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El orden monetario ya enfrenta retos debido a una desdolarización y las posible monedas digitales de los bancos centrales.

Desde el fin de la Guerra Fría, el mundo ha vivido en gran medida una época unipolar: Estados Unidos tenía la hegemonía indiscutible, la globalización era el orden económico y el dólar, la moneda preferida. Pero hoy, la geopolítica vuelve a plantear un formidable conjunto de desafíos al orden mundial existente. Eso significa que los inversionistas tienen que descontar que habrá nuevos riesgos.

China está escribiendo de forma proactiva un nuevo conjunto de reglas mientras reproduce el Gran Juego, creando un nuevo tipo de globalización a través de instituciones como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), el grupo de economías emergentes BRICS+, y la Organización de Cooperación de Shanghái, una alianza de seguridad colectiva de ocho países.

Durante el aislamiento del Covid-19, Pekín forjó una relación especial con Moscú y Teherán. Esta relación con Rusia, con la ayuda involuntaria del calentamiento global, está contribuyendo a extender la BRI de China a través de las rutas marítimas del Ártico. Y a finales del año pasado asistimos a la primera cumbre entre China y el Consejo de Cooperación del Golfo y, por tanto, a una profundización de los lazos de China con la OPEP+. Todo esto puede conducir finalmente a "un mundo, dos sistemas".

Si estamos pasando de un mundo unipolar a este multipolar, y si el G20 se fractura en los bandos del G7 más Australia, BRICS+ y los no alineados, es imposible que estas desavenencias no afecten al sistema monetario internacional. Los crecientes desequilibrios macroeconómicos en Estados Unidos agravan aún más estos riesgos.

El orden monetario basado en el dólar ya está siendo cuestionado de múltiples maneras, pero se destacan dos en particular: la propagación de los esfuerzos de desdolarización y las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC).

La desdolarización no es un tema nuevo. Comenzó con el lanzamiento de la flexibilización cuantitativa a raíz de la crisis financiera, ya que los países con superávit comercial no veían con buenos ojos la idea de una rentabilidad real negativa para sus ahorros. Pero recientemente, el ritmo de la desdolarización parece haberse acelerado.

En el último año, China e India han estado pagando las materias primas rusas en yuanes, rupias y dirhams de los EAU. India ha puesto en marcha un mecanismo de liquidación en rupias para sus transacciones internacionales, mientras que China ha pedido a los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG) que utilicen plenamente la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghai para que se liquiden en yuanes las operaciones de petróleo y gas en los próximos tres a cinco años. Con la expansión del grupo BRICS más allá de Brasil, Rusia, India y China, la desdolarización de los flujos comerciales puede proliferar.

Las CBDC podrían acelerar esta transición. China ha cambiado la estrategia apuntada a internacionalizar el yuan Dado que las sanciones financieras se aplican a través de los balances de los bancos occidentales, y que estas instituciones forman la columna vertebral del sistema de corresponsales bancarios que sustenta el dólar, utilizar la misma red para internacionalizar el yuan podía conllevar riesgos. Para evitarlo, se necesitaba una nueva red.

Según el FMI, en todo el mundo, pero particularmente en el este y el sur globales, las CBDC se están extendiendo como la enredadera kudzu de rápido crecimiento y más de la mitad de los bancos centrales del mundo están explorando o desarrollando monedas digitales con proyectos piloto. Cada vez estarán más interrelacionados. Los bancos centrales interconectados a través de las CBDC recrean esencialmente la red de bancos corresponsales con la que funciona el sistema del dólar estadounidense — en lugar de bancos corresponsales, piense más bien en bancos centrales corresponsales. La red emergente basada en las CBDC, reforzada con líneas bilaterales de permuta de divisas, podría permitir a los bancos centrales del este y el sur del mundo actuar como agentes de cambio para intermediar los flujos de divisas entre los sistemas bancarios locales, todo ello sin hacer referencia al dólar ni tocar el sistema bancario occidental.

El cambio ya está en marcha. Los superávits comerciales de China, Rusia y Arabia Saudita alcanzan niveles sin precedentes. Sin embargo, estos excedentes no se están reciclando en activos de reserva tradicionales como los bonos del Tesoro, que ofrecen rendimientos reales negativos a las tasas de inflación actuales. En cambio, hemos visto más demanda de oro (véanse las recientes compras de China), materias primas (véanse las inversiones previstas por Arabia Saudita en intereses mineros) e inversiones geopolíticas como el financiamiento de la BRI y la ayuda a aliados y vecinos necesitados, como Turquía, Egipto o Pakistán. Los excedentes se mantienen cada vez más en depósitos bancarios en forma líquida para conservar opciones muy necesarias en un mundo cambiante.

En finanzas, todo gira en torno a los flujos marginales. Estos son los más importantes para el mayor prestatario marginal: el Tesoro estadounidense. Si se factura menos comercio en dólares estadounidenses y se produce un reciclaje cada vez menor de los excedentes de dólares hacia activos de reserva tradicionales como los bonos del Tesoro, el "exorbitante privilegio" que ostenta el dólar como moneda de reserva internacional podría verse amenazado.

Zoltan Poszar es jefe de estrategias en Credit Suisse para inversión en productos de tasas a corto plazo.

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