La Organización Mundial de la Salud declaró el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda una emergencia de salud pública de importancia internacional, la clasificación más alta del organismo. El brote, causado por el virus Bundibugyo — una cepa para la que no existe vacuna ni tratamiento específico — ya acumula más de 500 casos sospechosos y al menos 131 muertes.
Qué se sabe del brote
Los primeros casos se detectaron en la provincia de Ituri, en el este del Congo, una región marcada por conflictos armados y desplazamiento masivo. El virus se propagó rápidamente: para cuando las autoridades confirmaron públicamente el brote el 15 de mayo, ya había cientos de casos sospechosos, lo que alarmó a los expertos por el tiempo perdido en la detección inicial.
Las pruebas de laboratorio iniciales resultaron negativas porque solo detectaban la cepa Zaire del ébola, la más común. Fue hasta el 14 de mayo que se utilizaron pruebas capaces de identificar el virus Bundibugyo, confirmándose ocho casos positivos en Ituri. El brote ya cruzó fronteras: Uganda reportó dos casos confirmados en personas que habían viajado desde el Congo, incluyendo una muerte en Kampala.
Sin vacuna y en zona de conflicto
Lo que distingue este brote de emergencias anteriores es la combinación de dos factores. Primero, a diferencia de la cepa Zaire — para la que existen vacunas probadas desde el brote de 2014 en África Occidental — no hay vacuna ni terapia aprobada contra el virus Bundibugyo. La contención depende exclusivamente de medidas de salud pública básicas: detección temprana, rastreo de contactos, aislamiento y entierros seguros.
Segundo, Ituri es un centro comercial y migratorio donde se registraron 32.600 nuevos desplazados solo entre enero y marzo de 2026, lo que aumenta el riesgo de propagación regional. Un modelo del Imperial College de Londres estimó que la cifra real de infectados podría superar los 1.000.
Un ciudadano estadounidense infectado
El 18 de mayo, Peter Stafford, un médico estadounidense que trabajaba como misionero en el Congo, dio positivo por ébola. Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) anunciaron su evacuación médica a Alemania junto con seis contactos de alto riesgo. Hasta el momento, no se han reportado casos sospechosos, probables o confirmados de ébola dentro de Estados Unidos.
El gobierno estadounidense activó restricciones de viaje: un aviso de Nivel 3 (evitar viajes no esenciales) para la RD del Congo y de Nivel 1 (precauciones habituales) para Uganda.
El eco del COVID y los recortes a la salud global
Expertos en salud pública advirtieron que las capacidades de respuesta global llegan debilitadas a esta emergencia. Los recortes a la financiación de agencias como USAID y la reducción de personal en el CDC coinciden con un momento en que se necesitarían equipos robustos sobre el terreno. La Global Preparedness Monitoring Board advirtió que las reformas sanitarias globales prometidas después del COVID no se implementaron a la altura del riesgo.
Uganda ya tomó medidas drásticas: el 19 de mayo prohibió temporalmente los apretones de manos, los abrazos y el contacto físico innecesario. Canadá reportó un caso sospechoso en Ontario en una persona que regresó de África Oriental.
La tasa de letalidad del virus Bundibugyo se estima entre 25% y 40%, según Médicos Sin Fronteras. Si bien es menor que la de la cepa Zaire (que ha llegado al 90% en algunos brotes), la ausencia de herramientas médicas específicas y la complejidad del terreno hacen que la contención sea, una prueba no solo de la fuerza del virus sino de la fragilidad de los sistemas que deberían frenarlo.